MÉRIDA.- La tarde fenece y los encarnados colores del horizonte tiñen de un naranja intenso la fachada del exconvento franciscano de San Miguel Arcángel, desde mediados del siglo XVI corazón de la vida espiritual católica de Pueblo Mágico de Maní, y la noche comienza a hacerse presente mientras el rezo del rosario de pésame sucede los misterios dolorosos correspondientes a este Viernes Santo.

Al pie de la acongojada imagen de María, en su advocación de La Dolorosa, yace el cuerpo inerte de su amado hijo. En torno a ella la comunidad en recogimiento acompaña a la madre en su duelo antes de que de inicio uno de los momentos más solemnes de la jornada, cuando se lleve al cabo el “Cuch Cruz” (cargar la cruz), una ceremonia de especial significado por cuánto representa y en el cual se evoca un espíritu de penitencia en el que un grupo de anónimos fieles cargan juntos una gran cruz en torno al atrio del antiguo sitio.

Un sincretismo de fe y espiritualidad que data de los primeros evangelizadores y la comunidad maya, según explicó el padre Oscar Herrera Vargas.

En un número de 12, evocando la figura de los apóstoles, los pecadores confesos recorren descalzos y con el torso desnudo las calles aledañas al exconvento llevando sobre sus hombros la pesada cruz de madera.

Además de marchan a paso lento, lo hacen con la cabeza cubierta, cuál ciega es la fe, y atados de manos y tobillos, atrapados en el pecado.

La flagelación de sus cuerpos durante el trayecto, es una referencial al doloroso calvario de Cristo en su cruento andar al Gólgota. En torno suyo los dolientes lamentan su condición de pecadores y ruegan la absolución al tiempo que los tristes canticos, abonan a una atmósfera de dolor y recogimiento que alcanza su momento culmen cuando la tambora anticipa una nueva oleada de flagelos.

Cerca de ellos un grupo de 12 niños evoca el mismo rito con fe y estoicismo llevando a cuestas una cruz más pequeña. Son niños y adolescentes del catecismo comunitario, ellos serán en el futuro quienes mantendrán viva la tradición que ha prevalecido por siglos en Maní.

Detrás de la cruz avanza a hombros, la imagen de la madre de Jesús, revestida de luto y los ojos inundados de lágrimas en su lastimero mirar.

La marcha del Cuch Cruz anticipa la procesión de la Marcha del Silencio hasta el cementerio del poblado donde quedará a resguardo toda la noche, el féretro de cristal con el cuerpo de Jesús hasta la mañana de éste sábado a las 10 horas, cuando tenga lugar la procesión de la Vía Matris.

El párroco Jorge Óscar Herrera Vargas y el Pbro. Ángel Gabriel Suárez, acompañan a los penitentes en su pausado avanzar, apenas roto con una breve parada para hacer una reflexiones

El recorrido no se hizo alrededor del atrio como es tradición, debido a que muchas personas obstruyeron el paso con motocicletas y vehículos, por lo que fue necesario cambiar el trayecto.

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Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.