Un niño toma un balón. Lo toca, lo mira, lo da vueltas. Lo empieza a lanzar para arriba. Así varias veces. Luego, se sienta arriba de él y simula que es un coche que lo lleva a donde él desee. Después se lo coloca debajo del brazo, y el balón hace las veces de una cara y esa cara es un amigo.
Estas actitudes del niño forman parte del juego, un aspecto fundamental en el desarrollo de la infancia. Una actividad que lo ayudará a conocer el mundo, lo estimulará en nuevas prácticas, le permitirá establecer vínculos con otras personas y favorecerá sus habilidades cognitivas, físicas, sociales y emocionales.
UNICEF señala al juego como una estrategia de aprendizaje esencial. Sobre todo, si tomamos en cuenta que la etapa de desarrollo más trascendental de una persona es desde el momento en que llega al mundo hasta sus ocho años.
Conocimientos y competencias esenciales
De más está decir que como seres humanos nunca dejamos de aprender e incorporar ideas, conceptos, estilos y perspectivas nuevas. Pero nada se compara con la rapidez con la que aprenden los niños durante su infancia. Son como esponjas. Quién no se ha pasado horas y horas creando mundos con los reconocibles juguetes Mi Alegría.
Según UNICEF, “el juego constituye una de las formas más importantes en las que los niños pequeños obtienen conocimientos y competencias esenciales”. Además, también destaca que los programas de educación preescolar efectivos se fundamentan en proporcionar oportunidades de juego, exploración y aprendizaje práctico a través de entornos propicios para ello.
En efecto, son varios los beneficios que aporta a un pequeño el hecho de jugar. Hablamos de autonomía, creatividad, capacidades resolutivas… A medida que el niño juega, puede explorar, conocer el mundo. Comprender cómo se conforman las cosas, reconocer texturas, olores, sabores.
Estimular su creatividad es fundamental. Ponerlos frente a desafíos en los que deben tomar decisiones y actuar según sus capacidades.
UNICEF reconoce 5 puntos fundamentales que resultan ventajosas para los más chicos. Veamos.

El juego es provechoso
Señala que el juego es una forma en la que los niños exploran y comprenden el mundo que los rodea. A través del juego, ellos buscan entender el significado de nuevas experiencias al relacionarlas con lo que ya saben. Es como si construyeran puentes entre lo desconocido y lo familiar, ampliando así su comprensión del mundo.
Cuando los niños juegan, están constantemente interpretando e imaginando sus experiencias. Cada instancia les ofrece la oportunidad de expresar sus pensamientos y emociones de maneras diversas, lo que les permite explorar y expandir sus ideas sobre el mundo exterior.
El juego es divertido
Aquí UNICEF señala que cuando presenciamos niños jugando, es común verlos sonreír o reír abiertamente. Aunque la situación pueda presentar desafíos y frustraciones, como quién va primero o no conseguir el objetivo, la sensación que predomina es la de disfrute, motivación, emoción y satisfacción.
El juego invita a la participación activa
Habla de una implicancia profunda en la actividad que llevan adelante. Los chicos se entregan por completo a la actividad, integrando aspectos físicos, mentales y verbales. Vaya si no habremos estado sumamente concentrados con los eternos juguetes Mi Alegría que demandaban toda nuestra atención.
No solo se mueven físicamente, sino que también están activamente comprometidos mentalmente, planeando estrategias, resolviendo problemas y comunicándose con otros jugadores. Esta integración completa de diferentes aspectos enriquece su experiencia y promueve un desarrollo integral.
El juego es iterativo
Tanto el juego como el aprendizaje son procesos dinámicos y en constante evolución. Es utilizado como una forma de practicar habilidades, explorar diferentes posibilidades, poner a prueba ideas y enfrentarse a nuevos desafíos.
Esta experiencia activa y práctica se traduce en un aprendizaje más significativo y profundo.
El juego es socialmente interactivo
Por último, en este quinto punto hace referencia a la posibilidad de expresión e interacción social que brinda esta actividad. Esta comunicación y conexión con otros, sienta bases para un entendimiento más profundo de los vínculos. También de las relaciones más sólidas que se construirán en el futuro.

¿Qué es el juego libre?
Bien, ahora que ya hemos hablado tanto sobre jugar, surge la pregunta lógica: ¿Hay un tipo de juego? Pues sí, aunque no utilicemos la categoría en la cotidianidad, lo cierto es que técnicamente podemos hablar tanto del juego libre como del juego dirigido.
El libre está intrínsecamente relacionado a lo sensorial, a la creatividad más pura y a una mayor autonomía. Se refiere a la libertad de los pequeños de actuar sin la intervención directa de un adulto, un sistema o algo predeterminado. Ellos eligen qué hacer, cómo y de qué manera irán a interactuar con el entorno. Las reglas las ponen ellos.
Están completamente sumergidos en un mundo de imaginación y descubrimiento. Su creatividad surge de manera espontánea. Universos imaginarios, construcción de estructuras sin un sentido explícito, exploración de la naturaleza. Tocar, oler, bailar, moverse, patear una pelota.
El juego libre es esencial para el desarrollo infantil dado que se desenvuelve en un espacio seguro. Allí desarrollarán habilidades como la creatividad, la toma de decisiones o la resolución de problemas.
Entonces: ¿Qué es el juego dirigido?
El juego dirigido, por su parte, tiene a los adultos intermediando. Profesores, padres, tutores que regulan y organizan actividades específicas para los chicos. Ellos establecen metas educativas y las actividades que proponen están específicamente diseñadas para enseñar o poner en práctica determinadas habilidades o conceptos.
Durante el juego dirigido, los adultos pueden planificar propuestas enfocadas en el aprendizaje. Pueden ser actividades artísticas, juegos de roles, entre otros. Además, intervienen para brindar apoyo u ofrecer instrucciones para guiar a los niños.
Diferencia entre el juego libre y el juego dirigido
Con dos enfoques distintos, tanto la modalidad libre como la modalidad dirigida están implicados en el desarrollo infantil.
El primero, tiene por cualidad principal la autonomía y la exploración sin restricciones. Los niños se adentrarán en un mundo que no tiene intervención alguna por parte de los adultos. En este contexto, los pequeños tienen la libertad de elegir sus actividades, explorar sus intereses y desarrollar su creatividad de manera espontánea.
Por su parte, el dirigido hace hincapié en diagramar una estructura que guíe a los niños en las actividades. En este escenario, hay objetivos muy concretos y específicos que buscan favorecer el desarrollo de determinados conceptos.
A través del juego dirigido, los niños reciben orientación y apoyo para alcanzar esas metas educativas.
Las dos formas son muy positivas para la niñez, y no es que una deba primar sobre la otra. Hay espacios en los que será más idóneo dejar que los pequeños exploren por su cuenta, sin intermediarios, mientras en otros momentos será bueno que estén acompañados por la guía de un mayor.
