La espiritualidad y la vida interior, mis avisados lectores, son fuentes inagotables de salud mental.
Les comento que, tanto una como la otra, se expresan y miden a través de un “estado emocional estable y equilibrado”, en tu mundo interior, así como a través de la “profundidad y durabilidad de tus vínculos afectivos” con las personas y las cosas que te rodean, en tu mundo exterior.
Por lo que —toma nota— respecto a tus “vínculos afectivos” debes mantener atención y cuidado constantes en todo lo que respecta a tu salud mental.
Podemos decir que la salud mental está estrechamente ligada a nuestra salud espiritual y física. Aunque, dicho sea de paso, de hecho la primera suele sostener a la segunda.
De esto, ejemplos reales y muchos tenemos —y tal vez lo has experimentado tú mismo— en los que hemos visto cómo un “espíritu fuerte” puede sostener un “cuerpo enfermo”, y cómo un “cuerpo fuerte” puede derrumbarse cuando “el espíritu está débil y enfermo”.
Es sorprendente, avisado lector, cuando vemos a personas, sin importar la edad, pueden ser incluso jóvenes, que la enfermedad y el dolor han invadido sus cuerpos y, sin embargo, cuando las visitas y les preguntas el clásico: “¿Cómo estás?” Nos responden —incluso con una sonrisa— con un increíble: “¡Bien, gracias!”.
A diferencia de otras personas que, aun ante problemas menores y cotidianos se sienten desgraciadas e injustamente tratadas por Dios, por su prójimo o por la vida.
¿En qué estribará la diferencia? pregunto.
(*) Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. www.facebook.com/TutorSaludMental.
