Distintas formas musicales, que permitieron el lucimiento de las diferentes secciones de la Orquesta, presentó la Sinfónica de Yucatán como parte de un repertorio nuevo de composiciones.
La OSY ofreció anteanoche el primer concierto de su octavo programa de la temporada, el cual se repetirá hoy domingo, a las 12 del día, en el Palacio de la Música.
En esta ocasión la agrupación interpretó obras de Stravinsky, Hübler y Schubert, muestrario de un eslabón importante en la cadena de la evolución de la música del siglo XIX al XX.
La OSY, bajo la dirección del maestro José Areán, abrió el concierto con “Octeto” del ruso Igor Stravinsky. La pieza fue estrenada el 18 de octubre de 1923 en la Ópera de París.
La partitura combina cuatro instrumentos de viento-madera y cuatro de metal: flauta, clarinete, dos fagotes, trompeta en Do, trompeta en La, trombón tenor y trombón bajo. De estilo neoclásico, la composición, que no fue bien recibida por la audiencia de principios del siglo XX, fue muy aplaudida por los asistentes al concierto de anteayer, como resultado de que en 100 años la evolución del arte y de la percepción de la belleza ha cultivado los oídos para apreciar otras formas musicales.
Las formas tradicionales y no tan tradicionales, las líneas musicales de vivaz ingenio y elegante contrapunto se hicieron sentir en la pieza, y la ruptura de esquemas propia de la obra de Stravinsky quedó atrás para dar paso al disfrute, más allá de los convencionalismos de la época en la cual surgió la composición.
La OSY continuó la presentación con el Concierto para cuatro cornos de Carl Heinrich Hübler, que quizá para muchos fue la obra estrella de la velada, ya que permitió presenciar una formación poco común: la de cuatro cornos solistas.
Esto llevó a Juan José Pastor, Davide Fanchin, Edith Gruber y Daniel Espinosa, músicos de la OSY, a dejar su lugar habitual en la parte de atrás de los atriles y colocarse al frente de la Orquesta y desde ahí llevar al público a un viaje de emociones, entre dulces y alegres melodías, y fanfarrias.
Inspiración
La obra fue compuesta entre 1854 y 1856, como resultado de la inspiración que despertó en Hübler ejecutar el Concierto para cuatro cornos y orquesta (1849) de Robert Schumann en un evento privado celebrado en la corte de Dresde, Alemania.
En la interpretación de los solistas de la OSY se percibieron a plenitud los diversos recursos del corno que el compositor empleó en la concepción de la pieza y que exploró como el experto cornista que él mismo fue.
La obra es demandante, pero fue abordada con probado talento por los solistas, que inundaron el Palacio de la Música con el vibrante sonido del instrumento.
El público retribuyó a la Orquesta y solistas con sonoros aplausos y “bravos”.
Tras el emotivo momento vino un breve intermedio antes de finalizar el octavo programa de la temporada con “La muerte y la doncella” del austríaco Franz Schubert, una versión para orquesta del Cuarteto número 14 en Re menor, con arreglos de Gustav Mahler.
La obra, estrenada el 1 de febrero de 1828, tiene como tema el tránsito de una joven moribunda y sus reacciones ante la fatalidad.
La Sinfónica se Yucatán llevó al público por ese mar de emociones que denota la pieza, entre tristeza, nostalgia y miedo.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
