Las distintas vocaciones, llámense la laical, al matrimonio o la soltería; la sacerdotal y la vida consagrada no solo influyeron para comenzar esta búsqueda, sino que continúan influyendo en mi respuesta diaria a Dios.
Hablar de mi vocación a la vida consagrada es hablar de la vocación laical del matrimonio. Parafraseando a san Pío X: “No estaría respondiéndole a Dios en la vida consagrada si antes mis papás no hubieran respondido a Dios en el matrimonio”.
No me hablaron de Dios, le hablaron a Dios de mí. No recuerdo que me hayan hablado de Dios como tal, aunque me procuraron los sacramentos de iniciación cristiana. Lo que recuerdo y agradezco son las oraciones de mi mamá tanto en las mañanas y por las noches, pidiendo por sus hijos (y lo ha de seguir haciendo).
En su momento, aunque no comprendieron por completo la decisión de dejar mis proyectos por ingresar al convento, me apoyaron.
La alegría de pertenecer y servir al Señor se contagia, no pasaba ni por mi mente ni corazón la idea de ser religiosa, pero siendo catequista (hace un poco más de 10 años) veía a mi párroco de aquel entonces, el padre Luis Alberto, con una entrega apasionada en lo que hacía y en ser sacerdote.
Pensaba que mi vocación sería el matrimonio: me inspiraba una pareja de catequistas (de una de las comunidades de la parroquia) por la manera de seguir sirviendo a la Iglesia, aun con las dificultades que iban surgiendo en el matrimonio, pero junta.
A partir de un retiro vocacional comencé a cuestionarme: ¿Y si Dios quiere algo más de mí?, ¿cómo descubre uno su vocación?, ¿y si me llama a servirlo siendo religiosa?
En el año de acompañamiento vocacional encontré el apoyo del mencionado sacerdote, que me dio trabajo en la nueva parroquia, pero más que un trabajo fue la oportunidad de conocer de cerca la realidad de la Iglesia y la necesidad de orar mucho para que el Señor envíe obreros a sus campos.
En esta búsqueda encontré mucha confianza en la madre Elvira Monsiváis Sierra, OJS, con quien hice el proceso de acompañamiento vocacional. Digo la palabra confianza porque hasta entonces no había conocido a otra religiosa con quien me sintiera acompañada y escuchada incondicionalmente.
Al ingresar a la congregación, Dios se fue manifestando a través de mis propias hermanas de la vida consagrada, especialmente de mi congregación, pero también de otras congregaciones con quienes me siento acompañada.
Asimismo, la vocación sacerdotal ha sido de mucha presencia y ayuda, alimentándome con la Eucaristía diaria, reconciliándome con el sacramento de la confesión y ayudándome a discernir por la dirección espiritual.
Es de mucho consuelo saber que las personas se encomiendan a nuestras oraciones; tengo la certeza de que oran por mí y eso me sostiene.
