Muy queridas mamás:

Llegamos por gracia de Dios a esta hermosa fecha que suscita los sentimientos más nobles de nuestro corazón de gratitud, reconocimiento, aprecio y valoración de lo que significa para cada uno de nosotros esa maravillosa persona que nos engendró, nos creó, nos cuidó, y a través de la cual fuimos llamados a gozar del don más grande recibido en el orden natural: la vida.

Más vivimos y más valoramos el existir el regalo de la vida, de ser y de ser alguien, único e irrepetible, obsequio y generoso de Dios. Cuando nos volvemos conscientes de esto, nuestro corazón se llena de gozo y gratitud, por eso dicen los antiguos: “Una mamá vive para siempre en el corazón de sus hijos”.

Qué bien se comprende a la luz de estas reflexiones la oración de la Virgen María: “Mi alma engrandece al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque se fijó en la humildad de su servidora. Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa porque obras grandes hizo en mí el poderoso…” (Lc 1, 46).

Que este gozo y gratitud —por la gracia de Dios— que llevamos cada uno en nuestro corazón se proyecte en su solicitud, servicios, atenciones que cada uno ofrezca generosamente a su mamá como signo y testimonio de la gratitud gozosa que anida en cada corazón y cómo homenaje a la maternidad de aquélla por medio de la cual, juntamente con nuestro papá, Dios nos invitó a la vida. Que cada mamá viva este hermoso día rodeada del homenaje de su esposo y de sus hijos con el corazón lleno de agradecimiento por su vocación y su fecundidad, maravillosos regalos que Dios, Nuestro Señor, le ha dado.

Alabanza

Todos juntos entonemos como familia un canto de alabanza a Dios a Aquél que se identifica: “Yo soy Camino, Verdad y Vida” (Jn 14, 6) y por haber recibido de Ella ese maravilloso don de la vida, pues de Él depende todo lo que somos, sabemos, hacemos y tenemos.

Que la Santísima Virgen María, Madre, Maestra y Modelo bendiga a todas las mamás, papás e hijos. Nos guíe para vivir nuestras vidas como Ella, con grande gozo y gratitud, con un sí permanente y generoso a cumplir la voluntad de Dios, que se puede expresar: “Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy” para conservar una dinámica permanente de superación y de generoso servicio con cualidades y capacidades que Dios nos ha dado para servir y promover a todos nuestros hermanos.

Nuestra vida sea un sí permanente y generoso como el de Nuestra Madre, la Virgen María, a la voluntad de Dios padre llevados de la mano por la Virgen y San José, siguiendo fielmente los pasos de Cristo con un compromiso constante y generoso de servicio a todos nuestros familiares, amigos y compañeros. Guiados por la Virgen María aprenderemos a ver a Cristo con su mirada de madre y a seguirlo, servirlo y amarlo en nuestros hermanos con su corazón de mamá.

Oremos por las mamacitas ya fallecidas, con enorme gratitud, confiando que Dios, Nuestro Señor, y la Santísima Virgen María las conduzcan al cielo.

Con mi profundo respeto, afecto y gratitud a todas nuestras queridas mamás.

Arzobispo emérito de Yucatán.

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