“Un apasionado del piano”, así es como se describe Rachid Bernal cuando habla de su amor por la música, una pasión que transpira y se vislumbra a todas luces al hacer un recuento de su trayectoria, pero que se desborda cuando está frente al piano, el instrumento que le robó el corazón desde temprana edad.
El joven pianista mexicano es el invitado solista de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), con la cual se presentará hoy viernes y pasado mañana domingo para interpretar el Concierto para piano No. 21 de Mozart.
Tiene 28 años, pero toca el piano desde los siete, y su carácter audaz e intrépido le ha hecho obtener oportunidades para tocar con numerosas orquestas en varios países del mundo.
Rachid, originario de Ciudad de México, no tiene miedo de acercarse a cualquier destacado músico o director orquesta para pedir ser escuchado, y eso le ha abierto muchas puertas en su carrera, ya que desde muy joven hizo su debut con una orquesta sinfónica.
En entrevista con el Diario, el músico, egresado con mención honorífica del Centro Cultural Olin Yoliztli y con estudios en el Southern Methodist University de Dallas, Texas, compartió que sus padres decidieron meterlo a estudiar piano para darle una educación integral.
Aunque su padre es guitarrista, él, a sus siete años, no tenía intenciones de dedicarse a la música, pero pasó poco tiempo para que quedara cautivado por el sonido del piano y todo lo que el instrumento permite a los intérpretes al tocarlo.
Fue así que cuando tenía 10 años ya era claro que quería ser músico, no había otra cosa que le fascinara más que estar frente al piano por horas y horas.
Cuenta que cuando llegaba de la escuela regular, enseguida se ponía a estudiar el piano, era todo lo que quería hacer, y podía pasarse horas enteras y hasta la noche tocando.
De esta manera se creó un hábito en él, y paulatinamente fue creciendo su repertorio.
Nunca se echó para atrás cuando algún comentario poco positivo cuestionó su trabajo y talento, por el contrario, siempre tuvo el aliciente para seguir preparándose.
Señala que cuando algo no salía como esperaba, un mal concierto, “que puede pasar”, un concurso no ganado, no se dejaba llevar por la negatividad, sino que analizaba lo sucedido y estudiaba más.
Bonita experiencia
Desde los 15 años comenzó a tocar con orquestas profesionales, y una de las experiencias que más recuerda fue cuando tocó por primera vez con una orquesta en los Estados Unidos, a los 18 años, con una orquesta de Dallas, ciudad en la que estudió durante cinco años.
Detalla que un maestro mexicano lo escuchó y lo invitó a tocar, y le llamó la atención cómo las personas responden de manera diferente como público, a la forma en la que se aborda la música, lo cual ayuda a tener una comodidad al tocar. Considera que es una de las experiencias más bonitas que ha tenido como músico.
En cuanto a Mozart, el compositor que interpretará en esta ocasión, señala que no lo ha tocado tanto y no es de sus favoritos, pero siente que interpretar al compositor es un reto, ya que su música es muy transparente, de manera que el intérprete está más expuesto, a diferencia de un Rachmaninov o un Prokofiev, compositores románticos en cuyas obras hay una gran sonoridad.
Recuerda que la primera vez que abordó el Concierto para piano No. 21 de Mozart fue hace unos 8 años, cuando lo invitaron a tocar con una orquesta y le preguntaron si tenía en su repertorio la pieza, él dijo que sí, cuando en realidad no era cierto, pero normalmente las invitaciones se hacen al menos un mes antes, y estaba seguro de poder prepararla en ese tiempo, sin embargo, el concierto era en 10 días.
No se retractó, sino que estudió día y noche hasta que aprendió la obra y la tocó de memoria, siente que quizá por ello la domina muy bien, pues se enajenó por completo para poder aprenderla, y claro, la ha tocado varias veces más.
Los conciertos de la OSY con la participación del pianista Rachid Bernal serán en el Palacio de la Música.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
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A gusto
Indica que se ha sentido muy a gusto en los ensayos con la OSY, pues es una orquesta que responde bien, y bajo la batuta de José Areán se ha sentido bastante cómodo, director con el que ya ha trabajado antes.
