Duke Ellington llegó a escribir unas dos mil piezas musicales en toda su vida, de todos los géneros. Es uno de los cinco músicos de jazz que han aparecido en la portada de la revista Time
Duke Ellington llegó a escribir unas dos mil piezas musicales en toda su vida, de todos los géneros. Es uno de los cinco músicos de jazz que han aparecido en la portada de la revista Time

El compositor, músico y líder de una gran banda estadounidense Edward “Duke” Ellington nació en Lincolnton, Carolina del Norte, el 29 de abril de 1899.

Comenzó a recibir clases de piano a los siete años y empezó a componer música de oído en su adolescencia. Siguió recibiendo clases de piano y composición para mejorar sus habilidades musicales, y en 1917 lanzó su carrera musical como intérprete solista y líder de una gran banda.

Ellington formó su propio quinteto, The Washingtonians, con los que adquirió renombre suficiente como para realizar unas pruebas en el celebérrimo local neoyorquino Cotton Club, en Harlem.

A partir de ese momento, su fama y su prestigio se fueron consolidando; las emisiones radiofónicas de sus conciertos se hicieron habituales y las apariciones de Duke Ellington and The Washingtonians en diversas películas, junto a las diversas giras que realizó por Estados Unidos y Europa, contribuyeron a fomentar su creciente popularidad.

En la década de 1930, Ellington lanzó sus éxitos más famosos, como “Caravana”, “Mood Indigo”, “No significa nada” y “Tome el tren A”.

“Duke Ellington es uno de los grandes iconos del jazz, fue unos de los músicos más completos de su época porque abarcó todos los géneros musicales y fusionó el jazz con la música clásica”, cuenta Ranier Pucheaux, director de la Mérida Big Band.

“Fue un músico muy versátil y prolífico, hizo música para Broadway, para cine, para cabaret, revista musical… abarcó todo lo que pudo en la música popular de los años veinte en adelante”, agrega en entrevista con el Diario el clarinetista de la Orquesta Sinfónica de Yucatán.

Una de las grandes aportaciones de Ellington, recuerda, fue que creó el formato de la big band como tal.

“Dicen que fue el que creó el formato de big band porque experimentó con varios formatos como director artístico de la orquesta del famoso Cotton Club; comenzó con una orquesta de 10 u 11 elementos, mezcló trompetas, trombones y saxofón con banjo, ya que tenía que hacer revista musical para ese club”.

“A finales de los años 30 ya tocaba con el formato actual de la big band, cuatro trompetas, cuatro trombones y cinco saxofones, su distintivo para la base rítmica”.

En sus inicios, Ellington tuvo mucha influencia de la música clásica. Sus primeros roces con la música popular los tuvo en los salones de billar y en el cine, porque el cine era mudo y un pianista tocaba la banda sonora de las películas, con música alegre como el charleston.

“Ya cuando tuvo edad para entrar a los clubes se fue influenciando de otros géneros musicales como el swing, foxtrot, incluso música latina porque había muchos cubanos y puertorriqueños en los clubes de nueva york que siempre ha sido una ciudad muy cosmopolita”.

A Ellington le tocó vivir un entorno social turbulento de los años 20 a los 30, por la Ley Seca, sus años de esplendor vinieron después, de los años 30 a los 40.

En esa época Ellington competía con las big band de los músicos blancos de los bailes de sociedad como Benny Goodman, Artie Shaw y Glen Miller, pero logró posicionarse como afroamericano en esos bailes de salón y en el mercado europeo, durante una gira que hizo durante la Segunda Guerra Mundial por países como Francia e Inglaterra. También tocó en Nueva York, Washington, Chicago, Nueva Orleans…

“Tocaba en bailes de salón de afroamericanos y de blancos, porque se hizo muy famoso, su música la tocaban las big band de blancos porque en el norte de EEUU no había tanta segregación racial como en el sur, pero cuando salía de gira sí tocaba sólo en lugares de músicos de color. En su orquesta había músicos negros y blancos”.

Clubes y teatros

No había lugar donde no tocara Ellington, desde los famosos clubes Cotton y Savoy hasta revistas musicales de Harlem, festivales, el Carnegie Hall y otros teatros famosos.

“Esa gira por Europa lo catapultó a la fama. En el viejo continente lo que llamó la atención fue su concepto de música afroamericana, esos ritmos pegajosos que tenía, ritmos de moda como el charleston, el ragtime, el dixie de New Orleans con el estilo de orquestación que tenía con Billy Strayhorn. Al mismo tiempo en Europa él se influencia con música del jazz monouche y gypsy jazz”.

Ranier Pucheaux cuenta que lo que más le llama la atención de Ellington es la fusión que hizo de la música clásica, que fue su formación inicial, del piano como instrumento, y obras de compositores como de Tchaikovsky las volvía al estilo del jazz.

“Estaba muy conectado con los principales exponentes de la música, del cine y las artes en general, para ser afroamericano se posicionó muy bien haciendo colaboraciones con grandes músicos como Cootie Williams, uno de sus principales trompetistas, que fue un icono de la época, para quien hizo ‘Concerto for Cootie’; Ella Fitzgerald, Billy Strayhorn, Ivy Anderson…”

Destaca que Ellington supo mantener su big band en los años 40, en plena guerra, cuando los músicos se iban al frente y no había presupuesto para mantenerlas, a diferencia de otros músicos afroamericanos que tenían big band, pero tuvo que trabajar luego con formatos más pequeños.

“En la postguerra, él estuvo en una de las primeras giras internacionales de músicos de jazz por Europa en los años 50, la suya fue de las primeras orquestas en volver a la normalidad”.

Además de la Segunda Guerra Mundial, Ellington también sufrió la Ley Seca y tuvo que tocar en clubes clandestinos donde se vendía alcohol a precios altísimos, al mismo tiempo que seguía en el Cotton y en el Saboy.

Durante la década de 1960 grabó con una larga serie de jóvenes músicos de gran talento como Charlie Mingus, John Coltrane o Max Roach.

Simultáneamente empezó a interesarse por la música litúrgica y compuso piezas como “In the beggining of God”, que fue estrenada en la catedral de San Francisco en 1965.

Permaneció al frente de su orquesta hasta su fallecimiento, momento en el cual tomó el relevo su hijo Mercer Ellington.

“En sus últimos años se dedicó más a las grandes suites (a menudo inspiradas en los lugares que visitaba con su banda en las cada vez más frecuentes giras por el extranjero), a las grandes obras sacras, a las partituras de películas y a la música para producciones escénicas (dejó una ópera, ‘Boolaincompleta’, a su muerte)”, escribe John Henken para La Phil.

Para Pucheaux, la influencia de iconos del jazz como Ellington es notoria, pues “un siglo después, en pleno siglo XXI, seguimos tocando su música, hay una presencia que siempre vamos a tener de sus estandares, como ‘Caravan’, que no era de él, sino de uno de sus trombonista; ‘Concerto for Cootie’, ‘Solitude’, ‘Harlem’, ‘Misty’ y ‘Take the train A’”, varios de los cuales su big band ha grabado con cantantes de Mérida como Gina Osorno y Maydel García.

Según su biógrafo, Derek Jewell, Duke Ellington llegó a escribir unas dos mil piezas musicales en toda su vida.

Ellington fue postulado para el Premio Nobel de la Paz, recibió la Medalla Presidencial de la Libertad y el Grammy Lifetime Achievement Award. Patricia Garma Montes de Oca

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