Conocidas por su trabajo —algunas veces elogiado, otras cuestionado— en el cine, la televisión y la música, celebridades internacionales quieren hacerse notar también por su obra en las artes visuales.
Sharon Stone es la más reciente en sumarse a la lista de actores, cineastas y cantantes famosos que no solamente incursionan en la pintura, sino que además la exponen y venden.
Como publicó el Diario, la protagonista de “Casino” y “Bajos instintos” inauguró en abril pasado su primera muestra en Europa, “Tótem”, en la Galería Deschler de Berlín.
La actriz se inició en la pintura durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19 y ya presentó sus cuadros en ciudades de Estados Unidos.
Antes de ella, otras celebridades de Hollywood añadieron “artista visual” a sus currículums: Sylvester Stallone, Jim Carrey, Lucy Liu… Y lo han hecho también músicos, como Bob Dylan, Marilyn Manson y Paul Stanley, el vocalista de Kiss.
Un caso especial es David Lynch, quien es reconocido sobre todo como director de cine pero que también es actor, escritor, compositor, pintor, escultor, fotógrafo… y practicante de meditación zen.
La producción visual de todos ellos —compleja en algunos, incipiente en otros— confirma en Leticia Fernández Vargas, directora de Artes Visuales de la Universidad de las Artes de Yucatán (UNAY), la idea de que para sobrevivir el arte debe democratizarse, lo que también lleva a que se le reconozca como una salida válida de las expresiones humanas.
Al analizar para el Diario la obra de algunos de esos famosos, Fernández Vargas, maestra en Literatura y Cultura Contemporánea con dos décadas de experiencia en la docencia, señala que la formación artística “ahora es mucho más multidisciplinaria porque hay una visión más integral: cuando alguien se identifica como artista es (porque piensa) ‘yo soy artista, no soy pintor, no soy escultor, no soy grabador’”.
Las estrellas del cine y la música que hacen pública su exploración de las artes visuales suelen tener “cierta formación, cierto trabajo, gusto y aprecio; en algunos casos son artistas en toda la palabra”, indica.
Pero entre los críticos no todos muestran entusiasmo por la producción plástica de las celebridades.
Jonathan Jones escribió en 2017 para “The Guardian”, por un documental sobre Jim Carrey pintor, que “es realmente aterrador ver lo que estrellas están haciendo ahora en nombre del ‘arte’”.
Fernández Vargas admite que “siempre se puede mejorar y profundizar” en la creación visual, pero también “se puede quedar igual, no tenemos por qué, como público, ser quienes determinen la intención artística”.
Óleo, acrílico, acuarela (el caso de Marilyn Manson) y técnica mixta (como David Lynch) trasladan a lienzos y papeles las ideas de sus creadores, que van de lo abstracto (el mismo Lynch) a lo figurativo (Bob Dylan).
“El óleo sigue siendo el rey en la pintura”, explica la directora de Artes Visuales de la UNAY; “pero se ha incursionado mucho en los acrílicos”, que ofrecen tonalidades con más contraste y una textura diferente.
“En técnica no hay una que sea más o que sea menos”, subraya. “Uno piensa en la técnica, más que como una muestra de habilidad, como una caja de herramientas: mientras mayores técnicas dominas, mayores herramientas tienes y mayores cosas puedes hacer”.
Aunque la abstracción es tendencia en las artes visuales, están cobrando fuerza los “movimientos minimalistas e hiperrealistas que regresan a la mímesis”.
La abstracción pura “se mantuvo como la reina de las artes contemporáneas hasta finales del siglo XX y actualmente se está regresando a la imitación de la naturaleza en diferentes elementos, desde el punto de vista de las formas”.
El tratamiento abstracto de los temas es a veces motivo de rechazo del público, que argumenta, y no solo cuando se trata de la obra de famosos, que “no lo entiende”.
“Desde la mitad del siglo XIX hasta la fecha el arte se ha liberado de tener que ser entendido. Se comprende, no se entiende. Eso otorga la libertad de que cada individuo aprenda de sí mismo a través de la obra, porque no la comprende a partir de elementos dados por una sociedad, sino a partir de elementos basados en su propia experiencia”, afirma Fernández Vargas.
“Eso resulta enriquecedor para el público que se atreve a hacerlo. Hay públicos que por desconocimiento o por pereza o por protección de su integridad personal se cierran y (piden) ‘dime tú lo que quieres decir, dime lo que yo debo de entender’.
Si no te gusta lo complejo el arte actual parece muy fuerte, porque te obliga a pensar en ti, en lo que sientes y estás viviendo”.
Reto al espectador
Fernández Vargas añade que “un artista siempre le habla a su mundo actual, exigirle que trabaje como se hacía hace un siglo o dos o tres, porque ‘es lo que no me reta visualmente’, es una manera muy ingenua de aproximarse al arte; Roland Barthes lo decía: hay obras que no te retan emocional ni intelectual ni culturalmente hablando, las usamos solamente como medio de recreación, que es correcto; pero hay obras que retan tu sistema de valores, creencias, educación, incluso tu fortaleza emocional, y que ascienden a la persona cada vez que se expone a ellas”.
“El arte contemporáneo tiende a eso siempre. Y no solo el de hoy, sino el de hace siglos. Pensemos en Miguel Ángel: él retaba a su mundo del siglo XVI con el cuerpo humano, con las proporciones, con el tratamiento del tema.
Le imponía una reacción a su propio sistema de valores, a su gente. Y el artista actual está haciendo lo mismo, está retando las creencias, incluso la estabilidad emocional de las personas.
Si no, ¿por qué llora uno cuando está viendo ciertas películas o escuchando cierta música?”.
“Eso es lo que hace un artista completo. Pero el público que llama al arte contemporáneo ‘hamparte’, como si fuéramos delincuentes, o el que le llama una tomadura de pelo, como si nada más estuviéramos haciendo un chiste, le está exigiendo al arte ser algo que no es: antiguo”.
La directora de Artes Visuales de la UNAY, a diferencia de lo que escribió el columnista de “The Guardian”, considera que es “muy bueno” que las celebridades experimenten con las artes plásticas “porque le da ‘permiso’ a las personas que nunca han dibujado o que nunca han hecho música o que nunca han bailado más allá del ritmo de la primaria de incursionar en eso”.
“Es lo valioso de que estos artistas expongan: si Sharon Stone lo hace, ¿por qué yo no?; si George (W.) Bush (expresidente de Estados Unidos) lo hace a los 70 años, ¿por qué yo no? La democratización del arte es básica para su supervivencia y para su apreciación como una salida válida de nuestras propias expresiones”.
“Es mil veces más sano, proactivo que Marilyn Manson haga pintura a que mate o a que esté llorando todo el día. El arte permite una expresividad que no solamente es válida sino absolutamente necesaria para la humanidad”.— Valentina Boeta Madera
