• Los padres Joaquín Vázquez Ávila (al extremo izquierdo) y Fernando Zapata Vázquez (penúltimo) celebraron una misa de acción de gracias por su 50o. aniversario sacerdotal en la iglesia de Cristo Resucitado. Los acompañan monseñores Fermín Sosa Rodríguez, nuncio apostólico en Bolivia; Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo; Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, arzobispo emérito, y Víctor Carabés Chávez, obispo de Tenancingo
  • A la izquierda, monseñor Joaquín Vázquez Ávila al dar la Comunión; debajo, la intervención del padre Fernando Zapata, anteanoche

“Un sacerdote vive enamorado no solo de Dios, sino de toda su Iglesia, pues el sacerdocio no es una obra individual, es de la comunidad eclesiástica y debe cumplir su misión junto a sus hermanos”, dijo anteanoche el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa de acción de gracias por los 50 años de ordenación de los sacerdotes Joaquín Vázquez Ávila y Fernando Zapata Vázquez.

En la celebración eucarística participaron autoridades de la Arquidiócesis de Yucatán y numerosos feligreses y amigos de los festejados, tanto en la transmisión en redes sociales como en la iglesia parroquial de Cristo Resucitado, en la colonia Montecristo.

Presidió la misa monseñor Gustavo Rodríguez y concelebraron los monseñores Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, arzobispo emérito; Fermín Sosa Rodríguez, nuncio apostólico en Bolivia, y Víctor Carabés Chávez, obispo de Tenancingo.

En la homilía, monseñor Rodríguez Vega saludó a los fieles que seguían la misa en las redes sociales y a todos los presentes, compartió la alegría por las bodas de oro sacerdotales y dio gracias a Dios por la perseverancia de los festejados.

Aseguró que es Dios quien elige a quien quiere consagrar como servidor de su pueblo y que “la vocación sacerdotal se recibe antes que el seno materno”.

Indicó que, como Jeremías, el profeta sobre quien trató la Primera Lectura, “los sacerdotes celebrados recibieron muy temprano el llamado de Dios y dieron el sí al Seminario, a la orden sacerdotal y también dieron el sí a renovarlo cada día”.

“Tomaron el camino de servir con amor al pueblo de Dios, siendo felices como sacerdotes, amando no solo a Dios sino al pueblo de Dios”, manifestó.

“Un sacerdote vive enamorado no solo de Dios, sino de toda su Iglesia, pues el sacerdocio no es una obra individual, es de la comunidad eclesiástica, y debe cumplir con su misión junto a sus hermanos”, añadió.

El Arzobispo exhortó a los fieles “a orar mucho por Joaquín y por Fernando, para que el Señor les brinde fortaleza en esta etapa de su vida sacerdotal, ya que este gran aniversario se celebra en tiempos difíciles por la escasez vocacional”.

Al respecto, pidió “elevar las oraciones para que los jóvenes se acerquen a Dios y le conozcan”.

Sus inicios

Por su parte, el padre Joaquín Vázquez narró el inicio de su vocación en la infancia. Compartió que fue gracias a su abuelo paterno, que se convirtió al catolicismo de una manera muy entregada, ejemplo que heredó a su padre, quien siguió su camino al pie de la letra, lo que derivó en su llamado vocacional.

Fue el 12 de junio de 1974 cuando recibió el ministerio del sacerdocio, por lo cual dio gracias “al pueblo de Dios, a la Iglesia”, y pidió al Señor que le permita ser el sacerdote que él quiere que sea hasta el fin de sus días.

En su turno, el padre Fernando Zapata declaró que éste ha sido un sueño de 50 años, que parecería eterno pero pasó muy rápido. No se puso de pie pues confesó que desde niño, cuando a los 11 años halló su vocación, le temblaban las piernas al hablar en público y eso no ha cambiado. El comentario motivó sonrisas en fieles.

Recordó haber sido ordenado en la fiesta de San Bernabé, un hombre de fe lleno del Espíritu Santo y que fue un apóstol incansable cuya misión consistió en ir a nuevas comunidades llevando la Palabra del Señor.

Así fue él por la vida y aún con golpes en la salud física y espiritual vive dispuesto a continuar en su comunidad, a la que tanto agradece y quiere servir por siempre.

Al concluir la celebración muchos fieles se acercaron para tomar fotografías y felicitar a los festejados.

Posteriormente se llevó al cabo una cena en honor de ambos sacerdotes en el Club Libanés de Mérida, adonde se dirigieron amigos e invitados vestidos de gala.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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