Creo que la forma más pura de arte es dar paso al simple interés visual. Samuel Barrera.
Recientemente se inauguró la exposición “Homenaje” de Samuel Barrera (Mérida (1967- 2024), quien falleciera en marzo del presente año, que de manera póstuma se realiza con un reducido corpus o conjunto de obra, pero muy significativo, en la cual se puede apreciar la vida y obra de uno de los artistas plásticos yucatecos más singulares, tanto por sus temáticas, como por la depurada técnica pictórica, en la cual la correalidad estética que se da como base o fundamento objetivo de tal percepción, y quien dejó a través de sus obras una huella imborrable en la historia del arte de nuestro Estado. Muestra que se abrió dentro de la llamada Noche Blanca el 25 de mayo del presente año con apoyo del Ayuntamiento de Mérida.
Si bien su trabajo no se puede definir dentro de lo que formalmente entendemos como surreal, ya que no está basada ni en el automatismo psíquico puro, ni deviene de los relatos e interpretaciones de los sueños, si podríamos decir que formalmente, es decir, en la ejecución técnica (las formas creadas), se vio influenciado por algunos de los grandes autores a esta corriente artística, particularmente de André Masson, Max Ernst, Leonora Carrington, Salvador Dalí o Remedios Varo, a quienes estudió de manera analítica creando así una estética onírica y meticulosa cuya iconografía nos remite a una variedad de fuentes, tanto históricas como contemporáneas, que perseguía una síntesis del simbolismo, el surrealismo y el espiritualismo o misticismo basado en la fe católica, este último evidente en la serie de cruces que presentara en su primera exposición individual en el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, Macay, en 1995.
Sin embargo, su obra bien podríamos acercarla a lo que se conoce como supernaturalisno, es decir, que encuentra elementos del imaginario o de lo fantástico (del griego fhantasía, aparición) a partir de formas identificables, pero no necesariamente reales, sino en el orden de lo maravilloso, lo que también lo vinculan con el simbolismo por el énfasis en el mundo de lo irreal y místico, así como en diversos aspectos de la contracultura, a través de composiciones perfectamente planeadas y de un examen cuidadoso y metódico de la inclusión de cada uno de los componentes o elementos para formar lecturas visuales abiertas, es decir, que nos permiten acercarnos a la decodificación de su significado en un juego inmersivo del espectador y la obra.
No obstante que su “oficio” plástico podríamos caracterizarlo con el rigor de quien domina la técnica y el concepto, posee una respuesta emocional espontánea salpicada de optimismo y humor ante una situación adversa, característica que utilizó como un mecanismo de supervivencia capaz de romper la tensión sin perder la armonía de sus composiciones pictóricas. Por lo cual, y como se ha dicho, un indicio de la calidad en cada una de sus obras reunidas se basa en el poder para evocar múltiples interpretaciones, a través de una riqueza plástica y poética, lo cual es una de las razones por las que se considera importante su legado pictórico dentro de la plástica yucateca posmoderna.
En ese sentido su trabajo se puede caracterizar dentro de la figuración lírica por las imágenes figurativas, poéticas no realistas que, aunque estilizadas son reconocibles y capaces de suscitar comicidad o sensaciones joviales, que se presentan ante el espectador como un subterfugio para entender su tipicidad y detonar mecanismos racionales, afectivos o emotivos. Su ímpetu y complicidad artística lo llevó durante los últimos años a crear un grupo o colectivo de artistas llamado Indiciun, integrado además del propio Samuel Barrera, por Ernesto Novelo, Luis Ricaurte, Jorge Emilio Espinosa Torre, Emilio Salazar Touché, Alejandro Farías, Alonso Maza y Christian Pacheco, entre otros, y en cuyas reuniones se discutían temas artísticos y de la escena cultural.
Curador
