El trabajo de un titiritero consiste en transmitir las emociones. Por eso el importante no es uno, sino el títere, mediante el cual comunicamos nuestros sentimientos. Wilberth Herrera

Una serie de televisión como la chilena “31 Minutos” basada en marionetas que realizan un noticiero puede parecer infantil, y cuyos mensajes educativos se abordan con crítica social y el humor, y que en ocasiones tienen mucho de ironía mediante característicos guiones llenos de contenidos tajantes o implícitos, forman una visión sobre diversos temas actuales tomados de la realidad chilena y que tienen similitudes con situaciones de otros puntos de la geografía, son ya parte del repertorio de una generación que hoy anda alrededor de los treinta años, y cuyo éxito está debidamente presente en la muestra que puede verse en el Museo Franz Mayer y que ha tenido un éxito inusitado, en comparación con otras exposiciones paralelas que se exhiben; exposición que deja mucho de reflexión sobre de cómo la televisión se ha convertido y sigue siendo un referente de la cultura popular.

Esta serie de televisión de la productora Aplaplac fue creada originalmente por Álvaro Díaz, Pedro Peirano y Juan Manuel Egaña, y cuyo equipo se fue integrando de conformidad con las necesidades propias de la producción con el dibujante Rodrigo Salinas, los artistas Daniel Castro y Matías Iglesis y la actriz Alejandra Dueñas. Fue lanzado al público el 15 de abril del 2003 y el cual se centra en las aventuras de un equipo o grupo de personajes que laboran dentro de un noticiero y una suerte de hechos inesperados, cuyo conductor es Tulio Triviño Tufillo: Conocido por sus gustos excéntricos y su comportamiento egocéntrico, distraído, déspota e ignorante.

La muestra posee un recorrido museal lúdico que atrapa la atención de los infantes y hace que sus acompañantes, ahora una generación mayor, rememore esa etapa formativa, la cual nos deja ver por qué su éxito no es gratuito, ya que se aprecia desde la producción del montaje, que abre con su primer conductor “El gabinete del Doctor Mojado”, un pez vela proyectado dentro de una pecera mediante un sistema de reflejos y que conducía un programa de televisión desde su pecera, en el cual en uno de sus segmentos un títere reporteaba lo que sucedía con los excrementos en las plantas de tratamiento de las aguas residuales. La idea fue evolucionando hasta transformarse en un noticiero de títeres y marionetas llamado “31 minutos”, cuyo nombre tiene su origen en las bases del concurso donde se hacía mención que los proyectos debían durar media hora.

El programa pasó de ser una parodia de una programa hasta convertirse en una comedia de múltiples personajes, algunos muy arraigados ya en el gusto de sus televidentes como el conejo rojo llamado “Juan Carlos Bodoque”, periodista estrella del programa encargado de la sección La Nota Verde (temas de ecología y medio ambiente), así como: Juanin Juan Harry (Productor y coordinador del primer piso), Policarpo Avendaño (comentarista de espectáculos), Ernesto Felipe Mario Hugo (periodista encargado de la sección La Dimensión Hermosa y Desconocida), Patricia Ana “Patana” Tufillo Triviño (reportera de misterios y sobrina de Tulio), Mico el Micófono (periodista de encuestas), Rombos Man (Superhéroe que cuenta sus aventuras), Huachimingo (animal presuntamente extinto hace miles de años), etc.

La exposición nos demuestra no solo la creatividad de la producción, sino como lo citara Shoshoana Polanco: “todo puede ser una marioneta o títere, desde una brocha para pintar, un muñeco de plástico, hasta un simple calcetín”. La palabra Marioneta (usada a menudo para nombrar al conjunto de la familia de los títeres) muñecos hechos de diversos materiales (madera, trapo, metal, plástico, etc.) que son manipulados gracias a un conjunto de hilos o cuerdas o a través de la mano, y cuya historia se remonta a la Antigua Grecia, donde utilizaban el concepto de neurospasta para referirse a ellos (vocablo vinculado al movimiento con hilos o a la onomatopeya “ti-ti” que hace alusión al sonido que emiten los muñecos de trapo al moverse); asimismo a la persona que maneja un títere se conoce como titiritero, que generalmente se ocultan de los espectadores detrás de una pantalla o telón para narrarnos o contarnos una historia teatralizada, que en este caso es grabada y reproducida por medios televisivos como lo fuera en Yucatán la llamada “Titeradas” fundada por el dramaturgo Wilberth Herrera.

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