Si pintaras lo que tienes en el corazón lo podrías colgar en un museo —Chuck Palahniuk
Me encantan los museos pero uno de los inconvenientes que tienen para los viajeros amantes del arte es que, entre tanta maravilla, la mente se agobia después de un tiempo y el cansancio — físico y mental— ya no te permite asimilar lo que uno quisiera.
En Madrid hay una pequeña joya en la calle General Martínez Campos número 37, que hasta hace unos años se mantenía casi como un secreto debido a que tanto los visitantes de esa ciudad como los lugareños acuden al Prado, al Reina Sofía o el Thyssen-Bornemisza, museos que conservan parte de los tesoros artísticos de España.
Este museo es propiedad de la nación debido a que, por disposición testamentaria de la viuda del pintor Joaquín Sorolla, Clotilde García de Castillo, en 1925 fue entregado al Estado español en calidad de donación.
Fue inaugurado oficialmente el 11 de julio de 1932, siendo su primer director Joaquín Sorolla García, quinto hijo del pintor que al morir en 1948 incrementó la donación dando todos sus bienes a la Fundación Museo Sorolla.
Museo pequeño, entrañable, discreto y podríamos decir memorable para el visitante. En la transitada calle en que se encuentra nada te hace pensar lo que va uno a percibir y sentir al entrar a través de un pequeño jardín diseñado por el artista, en el que las flores y vetustos árboles te preparan para poder apreciar su interior.
Es nada más y nada menos que la casa que habitó Sorolla con su esposa Clotilde, en la que crecieron sus hijos y en la que el artista falleció. Y en ella se encuentra el estudio, lleno de luz y de misterio. Casa alegre en la que se refleja el tipo de vida que llevó la familia.
Reseña
Joaquín Sorolla Bastida fue un pintor español, nacido en Valencia el 27 de febrero de 1863. A su fallecimiento, ocurrido el 10 de agosto de 1923, el artista dejó más de 2,200 obras catalogadas. Su obra ha sido etiquetada como impresionista, postimpresionista y luminista. Se dice que Joaquín Sorolla pintaba un cuadro, e incluso más, en el día.
En 1923, tuvo una apoplejía que le dejó el lado derecho inmóvil. A pesar de eso él trató de seguir pintando, algo que no pudo lograr.
El objetivo de estos sencillos renglones es comentar de manera superficial ciertas situaciones. El afán de compartir circunstancias que suceden es un deseo para esta escribidora.
