• A la izquierda, la comunidad de Yucatán que viajó para tomar parte en la misa de ordenación episcopal; debajo, monseñor Luis Alfonso Tut Tun al entrar a la Catedral de Oaxaca para su profesión de fe; adelante de él camina monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo de Xalapa
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  • A la izquierda, monseñor Luis Alfonso Tut Tun, tras su investidura, recibe los aplausos de los prelados; sobre estas líneas, monseñor Luis Alfonso durante su ordenación ante el arzobispo de Antequera, monseñor Pedro Vázquez Villalobos

“A ti, Dios Padre de amor y misericordia, con las palabras de San Francisco de Asís te pido hacer lo que tú quieres y siempre querer lo que te gusta, para que interiormente purificado, interiormente iluminado por el fuego del Espíritu Santo, pueda seguir la huella de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo”, expresó ayer en la mañana monseñor Luis Alfonso Tut Tun durante la ceremonia de su ordenación episcopal efectuada en el Auditorio Guelaguetza de Oaxaca.

“Gracias de todo corazón a Su Santidad el papa Francisco por la confianza que ha depositado en mí al enviarme como obispo auxiliar a esta amada Iglesia que peregrina en Antequera (Oaxaca)”, añadió el yucateco.

Casi al final de la celebración —de más de tres horas de duración—, entre oaxaqueños y yucatecos que abarrotaron la sede, monseñor Luis Alfonso Tut dirigió un sentido mensaje de agradecimiento a su pueblo, Acanceh, su parroquia de origen; su familia, al pueblo que va a servir, a obispos, sacerdotes, seminaristas, monaguillos, autoridades civiles y todos los que hicieron posible esta celebración.

“Gracias. No he encontrado palabra más adecuada y completa para expresar lo que siento en el corazón”, comenzó su discurso. “Mi conmovido y sentido agradecimiento se dirige ante todo a Dios por el don de la vida, el don de la fe y de la vocación sacerdotal que hoy alcanza su plenitud mediante la gracia del episcopado recién recibido”.

Agradeció a monseñor Joseph Spiteri, nuncio apostólico de México, representante del Papa en México, y al arzobispo de Antequera, monseñor Pedro Vázquez Villalobos, quien mediante la imposición de las manos y la plegaria de ordenación episcopal lo convirtió en un sucesor de los Apóstoles.

Monseñor Luis Tut ofreció un agradecimiento especial a su fallecida madre, Concepción Tun. Cuando se refirió a ella su voz se quebró. “Un agradecimiento especial hasta las alturas del cielo, a mi mamá, doña Conchita, que ya goza de la luz, de la presencia del Señor. Gracias mamá por enseñarme que la grandeza del hombre está siempre en la bondad, en saber decir siempre gracias, con una actitud abierta y un corazón acogedor”, expresó en medio de fuertes aplausos de las personas que se sintieron conmovidas.

“Gracias a Acanceh, mi pueblo natal, que me dio mi orgulloso origen yucateco; a mi parroquia de origen, Nuestra Señora de la Natividad, donde comencé mis primeros pasos en la fe y aprendí a sentirme en familia en la Iglesia; a la parroquia del Santo Niño de Atocha, donde fui vicario parroquial; a la parroquia de Santa Inés de Akil, que atendí como párroco. Gracias por permitirme anunciar y vivir el Evangelio como discípulo y pastor con ustedes, entre ustedes”.

El prelado también dirigió mensaje en maya para los yucatecos que asistieron, especialmente a los de Akil, su natal Acanceh y sus amigos de Mérida. Al concluir las palabras en maya aseguró que “siempre los llevaré en mi corazón”.

Asistentes

De Yucatán asistieron los monseñores Gustavo Rodríguez Vega y Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, arzobispos titular y emérito, respectivamente; también, los obispos auxiliares monseñores Pedro Mena Díaz y Mario Medina Balam, además de sacerdotes de la localidad y prelados de diferentes diócesis y arquidiócesis, incluso de Croacia e Italia.

Igualmente asistió el yucateco monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo de Xalapa, quien tuvo a su cargo la homilía.

Antes de este momento, el candidato al orden episcopal fue presentado al Arzobispo ordenante principal pidiendo que ordene obispo a monseñor Luis Tut.

Enseguida se leyó el documento por el que el Papa eligió a monseñor Tut para el ministerio episcopal; después recibió la bula papal, la cual mostró a los obispos y al pueblo de Dios.

El arzobispo Jorge Carlos Patrón expresó que las primeras palabras son de agradecimiento.

“Gracias monseñor Pedro Vázquez Villalobos, arzobispo de la Arquidiócesis de Antequera; gracias queridos sacerdotes, seminaristas oaxaqueños; gracias estimadas religiosas y gracias especialmente a cada uno de ustedes, queridos hermanos y amigos oaxaqueños, por preparar para Jesús y para todos nosotros indignos invitados a este banquete de la palabra de Dios este banquete eucarístico lleno de devoción y gozo que expresa el sentido profundo de la consagración de un nuevo obispo, monseñor Luis Alfonso, su obispo auxiliar”.

Habló de tres palabras que le resuenan en su interior. “La primera palabra tomada del profeta Jeremías: ‘Eres un muchacho’. Sí, Luis Alfonso, eres un muchacho, el obispo más joven de México, como un muchacho nos quiere Dios, para aprender cada día, para no tener miedo de las peticiones de Dios y de los requerimientos de la Iglesia”.

Después de compartir un recuerdo con sacerdotes de vocación adulta o tardía, el prelado exhortó no demorarse en responder a Dios, “no posponer la aceptación a la voluntad de Dios”.

“Gracias, monseñor Luis Alfonso, porque desde tu primer día en la casa de Itzimná, en el Seminario de Yucatán, cuando te recibimos, un jovencito tembloroso de Acanceh, fuiste un muchacho que no dio una respuesta tardía, que escuchaste la voz de Dios y desde entonces aprendiste a ser discípulo de Jesús, aprendiste a aprender de Dios, aprender de la comunidad, aprender de la Iglesia, aprender de la vida. Desde entonces hemos visto cómo has aprendido en el Seminario, en tu servicio a la Santa Sede, en tu parroquia. Hoy la historia continúa, tu historia vocacional abre una nueva página, tu amor a Cristo y a la Iglesia, en nuevo hogar, Oaxaca. Aprende mucho de monseñor Pedro, aprende mucho de los sacerdotes y seminaristas oaxaqueños, de las religiosas y de los religiosos encargados en el día a día del servicio eclesial de esta Iglesia particular; aprende de un pueblo amado por Dios, aprende del pueblo oaxaqueño y al mismo tiempo como buen discípulo de Jesús misionero.

“Eres enviado por Dios como su mensajero, el anunciador de una buena noticia que se llama Jesucristo”.

La segunda palabra de la que habló monseñor Patrón Wong fue pastor.

“No olvido, Luis Alfonso, aquella clase de psicología, en tu primer mes como seminarista, en el curso propedeútico cuando explicabas el significado de la palabra integrar y el proceso de integración.

“Decías que lo más importante es saber integrar las diversas experiencias de la vida humana, espiritual, intelectual y pastoral en las cuales se desenvuelven. El saber incluir todas las realidades que encontramos, de comprender lo que parece contradictorio en nuestra historia personal pero que en los planes de Dios es complementaria. Ser pastor de todo el pueblo de Dios es precisamente eso: saber integrar las diferentes dimensiones y tonalidades de la vida humana. Incluir todas las invitaciones que Jesús nos hace en el Evangelio sin excluir a ninguna.

“El buen pastor da la vida por sus ovejas, se entrega a las necesidades de los demás, se gasta amando, reconciliando”, dijo.

La tercera palabra de la que habló el prelado fue oveja. “Somos ovejas del rebaño del Señor, le pertenecemos a Él y necesitamos de Él”.

Al finalizar la homilía se realizó la promesa del elegido. De pie ante el ordenante principal, monseñor Luis Tut fue interrogado sobre su fe y su futuro ministerio.

El rito continuó con las Letanías a los Santos, para lo cual el elegido se postró en tierra; prosiguió la imposición de manos y la plegaria de ordenación, momento central de la ordenación episcopal, mientras el elegido se puso de rodillas ante el Arzobispo. El prelado impuso las manos sobre la cabeza del yucateco, después los demás arzobispos y obispos hicieron lo mismo.

También impusieron a monseñor Tut el Libro de los Evangelios y el Arzobispo, con las manos extendidas, hizo la plegaria de ordenación y la unción con el Santo Crisma.

A continuación, el nuevo obispo recibió el Libro de los Evangelios y las insignias: el anillo, como signo de fidelidad a la Iglesia; la mitra y el báculo, signo del ministerio pastoral.

El nuevo obispo fue invitado a sentarse entre los prelados y después recibió el saludo de la paz de todos los concelebrantes.

Antes de la liturgia eucarística se presentaron ofrendas como pan, tortilla, chocolate, café, entre otros productos, de todos los decanatos de la Arquidiócesis de Antequera.

Al finalizar el rito, la misa siguió como de costumbre.

Las lecturas estuvieron a cargo de una mujer que leyó en una de las lenguas maternas de Oaxaca y una invidente en sistema Braille.

Luego de la ceremonia eucaristía se presentó la Guelaguetza.

Monseñor Luis Tut realizó el miércoles, en la Catedral de Oaxaca, la profesión de fe y el juramento de fidelidad, según las leyes de la Iglesia, en una ceremonia que presidio el Arzobispo de Yucatán.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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