La pareja conformada por Canuto de Jesús Alcocer Cetina y Amira Pineda Paredes conmemoró con una misa, el domingo pasado, 62 años de unión matrimonial
La pareja conformada por Canuto de Jesús Alcocer Cetina y Amira Pineda Paredes conmemoró con una misa, el domingo pasado, 62 años de unión matrimonial

Fue en Colonia Yucatán, Tizimín, donde se comenzó a tejer la historia de Amira Pineda Paredes y Canuto de Jesús Alcocer Cetina.

El destino los llevó a encontrarse, se enamoraron y se casaron el 25 de agosto de 1962, hace 62 años, y hoy en día celebran rodeados de sus hijos y nietos la dicha de toda una vida juntos.

“Primeramente gracias a Dios llegamos a esta fecha con seis hijos, bendito Dios saludables todos”, contó doña Amira a Diario de Yucatán, tomada de la mano de su esposo, ella oriunda de Espita; él, de Tinum, Valladolid.

“Los mejores años fueron en Colonia Yucatán, mis hijos pequeños, nosotros luchando por sacarlos adelante, él en la fábrica y yo al cuidado de la casa y criándoles para que fueran personas de bien”, dijo.

Su historia de amor comenzó por azares del destino: Amira acudió a cubrir a su hermana a su puesto de trabajo en Tizimín, en aquellos años con la fábrica de madera en Colonia Yucatán en épocas prósperas daba trabajo a muchas personas del interior del estado, incluso de Mérida. Ahí trabajaba Canuto y acudió al negocio en el que ella se desempeñaba como cajera, y quedó cautivado y comenzó a cortejarla.

Tras dos años de noviazgo, don Canuto pidió la mano de doña Amira a sus padres. La pareja contrajo nupcias en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen en Tizimín.

Procrearon a siete hijos, de los cuales le sobreviven seis: Lidieth, Amira, Roger, Wilberth (q.e.p.d.), Mario, Humberto y Alejandro Alcocer Pineda. “Y hasta el día de hoy, tenemos 16 nietos que nos regaló el Creador”, señaló don Canuto.

De acuerdo con los esposos, la base de una vida en pareja es “primero que nada el amor”, dijo él. “Lo más importante es la paciencia, la comprensión, el respeto y comunicarse bien para poder resolver los problemas”, añadió ella. No recuerdan un problema o dificultad que durante estos 62 años no hayan podido resolver juntos. “Ya sabe usted, no hay matrimonio perfecto, pero todo se puede ir resolviendo con el favor de Dios y con buena voluntad”, confesó doña Amira.

“Bendito Dios me ha ido muy bien, la verdad que me tocó una muy buena señora, y llevarse bien y un poco de humor siempre ayuda a resolverlos problemas”, compartió el entrevistado, quien agregó que siempre es mejor hablar antes que ser agresivos.

“En los años más difíciles, cuando ya teníamos seis niños, tuve la oportunidad de trabajar atendiendo a los dueños de la fábrica de madera en Colonia Yucatán, no la desaproveché, porque había que ayudar al gasto”, dice la dama, quien cuenta que cuando llegaban los invitados de los dueños, ella les cocinaba lo típico de Yucatán y siempre quedaban contentos. “Fue una época muy bonita, muy bonita”.

Para celebrar su aniversario número 62, el matrimonio acudió a una misa de acción de gracias y organizaron una comida en familia.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

Toda una vida juntos  

Amira Pineda Paredes y Canuto Alcocer Cetina se casaron hace 62 años.

Un hombre que la ame

La dama cuenta que su padre una vez le dijo: “No les voy a escoger marido, no me importa si es un abogado, doctor o el carbonero; yo quiero alguien que las respete, que las ame y las procure”. Todo eso fue lo que ella encontró en don Canuto, quien fue y sigue siendo un hombre muy respetuoso, cariñoso y buen proveedor.

Venir a vivir a Mérida

En la época en la que sus hijos comenzaron a crecer, decidieron enviarlos a Mérida para estudiar. En la ciudad se alojaron en las casas de sus tías. Después de algunos años, la pareja tomó la decisión de venir a vivir en la capital yucateca para volver a estar todos juntos.

Orgullosos de sus hijos

Hoy en día, los esposos ven con felicidad que todos sus hijos han formado sus familias y están transmitiendo los valores que ellos como padres les inculcaron, pues lo más importante que han hecho como matrimonio es ser un buen ejemplo para su descendencia.