Fueron niñas prodigio. Y ahora, a sus 21 y 22 años, respectivamente, Aisha Corona y Daniela Liebman muestran una madurez técnica e interpretativa que hizo que los asistentes a la clausura del Gran Festival del Palacio de la Música, ayer, en la Sala de Conciertos del recinto, simplemente se rindieran a sus pies.
El director José Areán y las jóvenes instrumentistas no arriesgaron en el programa. Se fueron a lo seguro: El Concierto para piano no. 17, de W.A. Mozart, y las Cuatro Estaciones, de Vivaldi, dos obras, y dos compositores, que el público en general, conocedor o no, siempre disfruta al máximo.
La Orquesta Sinfónica de Yucatán acompañó a las solistas en este cierre del Festival, dedicado a las mujeres, y lo hizo fuera de su esperada temporada de conciertos, cuyo inicio, como se ha informado, aún está en suspenso. Hasta ahora, su único programa seguro es el tradicional concierto mexicano, el 12 de este mes.
El programa de ayer dio inicio con la obra de Mozart, orquestada para piano solo, flauta, dos oboes, dos fagotes, dos cornos y cuerdas. Consta de tres movimientos: Alegro, Andante en do mayor y Allegretto – Presto.
La pianista jaliciense ha interpretado el Concierto para piano No. 17 de Mozart, conocido por su elegancia y belleza, en varias ocasiones, y la elocuencia con la que Liebman lo interpretó ayer fue de la mano con la destreza de la OSY, sobre todo porque mucho se ha dicho del protagonismo de los instrumentos de viento (maderas) en esta obra.
“El público moderno da por sentado que un instrumento de viento puede tener un papel importante, pero en los tiempos de Mozart era inusual”, escribe el laudista Howard Posner.
Otra novedad en esta obra es el final, que en lugar del rondó esperado, ofrece cinco variaciones sobre un tema simple.
Encores
Daniela recibió ovaciones de pie y obsequió al público la Balada mexicana de Manuel M. Ponce, compositor que también abordaría en el encore final del concierto, a dueto con Aisha Corona, en una delicada y etérea interpretación de “Estrellita”.
La veracruzana Aisha Corona tiene 21 años, el final de una adolescencia que parece aún no terminar en ella. Su larga melena ondulada, recogida al frente, se mueve junto con el violín y nos recuerda a las Midori y las Sara Chang que parecían muñequitas de cuerda mientras daban tremenda cátedra de virtuosismo desde muy pequeñas. Su respiración, junto con la de José Areán, se escucha antes de cada larga frase, sincronizados, y aunque tuvo un pequeño pero obvio desliz, ella misma ha dicho que no busca la perfección, sino emocionar al público. Las estaciones del año, con sus cantos de pájaros, moscardones, tormentas, la languidez del calor, el hielo y toda la alegría que brota de esta obra de arte de música programática, brilló en las cuerdas: ocho primeros violines, 11 cuerdas más, entre violas y violines segundos; 4 violonchelos, dos bajos y piano, a cargo de la maestra Irina Decheva.
Como mencionamos, Aisha ofreció un encore con Daniela, “Estrellita”.
Entre el público estaban el maestro Luis Pérez Sabido, la secretaria de Cultura, maestra Loreto Villanueva Trujillo, y el director del Palacio de la Música, Maleck Abdala Hadad, entre otros.
Del concierto hubo elogios en voz alta, uno de ellos muy oportuno: “ojalá haya Sinfónica de Yucatán para rato”.— Patricia Eugenia Garma Montes de Oca
