Un llamado a escucharse a uno mismo y a los demás, pero sobre todo a escuchar la Palabra de Dios, hizo el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega en la misa de inicio de actividades del Movimiento Familiar Cristiano, ayer por la mañana, en la S.I. Catedral.
Ante integrantes del MFC, encabezados por los esposos Edgar Pizarro y América Hernández, presidentes del MFC en Yucatán, Mons. Rodríguez Vega ofició la misa en la que dio varios mensajes.
Señaló que el MFC busca la unión de las parejas, el dialogar, convivir, atender los hijos y saberlos acompañar.
Dijo que cuando la pareja no dialoga pelean todo el tiempo, por eso la importancia de saber comunicarse y escucharse uno al otro.
Indicó que hay otros movimientos familiares, pero el MFC ha probado con su metodología que puede ayudar a muchas parejas y familias.
“Hay buenas intenciones en las parejas que se casan, pero a veces las cosas cambian, y terminan en una separación, en el divorcio, o en una situación que no es buena para ninguno. De ahí la necesidad de crecer en la santidad del matrimonio y en la familia”.
El arzobispo habló de la importancia de escuchar y escucharse al hacer alusión al Evangelio dominical, en el que se narra como le piden a Dios que imponga las manos a un sordo para curarle, pero en cambio usa otros signos, mete sus dedos en sus oídos y saliva en su lengua, dándose el gran milagro de que comienza a escuchar y hablar.
Destaca que ese acto es una gran enseñanza sobre la importancia de escuchar la palabra de Jesús y de hablar y predicar la Palabra. Por ello en el bautismo el sacerdote hace la señal de la cruz en los oídos y la boca del bautizado, un rito que se llama “Effetá” que significa “ábrete”, mientras dice: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y profesar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén”.
Enfatiza que en esto radica la importancia de escuchar y predicar la palabra de Dios.
Afirma que todos pueden escuchar a Jesús, por ejemplo, al leer la palabra de Dios con el deseo de escucharla y aprenderla, al poner atención, pero también al poner atención a los demás.
El diálogo verdadero
Manifestó que el diálogo verdadero se da cuando se escucha al otro, cuando se trata de entender lo que el otro quiere decir, y sobre todo entender su corazón, saber lo que está viviendo.
“El diálogo se da cuando la persona se esfuerza por entender los sentimientos del otro, trata de comprender qué sentimientos hay detrás de las palabras”.
Antes de ello, señaló, hay que escucharnos a nosotros mismos, ya que todos los días se tienen nuevas experiencias, conocimientos y eso modifica a las personas, se puede estar cansado, enfermo, triste, alegre y estas novedades en la vida cotidiana cambian lo que se interpreta del otro. Por ello cuando se dialoga no hay que enojarse, hay que recordar lo que uno es y cómo se siente, ya que eso puede ser la causa de una mala interpretación.
Recordó que “la palabra debe ser un puente entre el espíritu mío y el de otras personas”.
“El Señor quiere que sepamos escucharlo, que escuchemos hablar de él y que nosotros hablemos de Él y su Palabra”.
Luego de la misa los esposos Edgar Pizarro y América Hernández dieron un breve mensaje a los integrantes del MFC en Catedral, a quienes dieron la bienvenida y desearon lo mejor en este curso que inicia.
La misa denominada de inicio es una invitación a la membresía del Movimiento para iniciar con el ciclo básico de formación que caracteriza al MFC, y la vivencia de el kerigma, encuentro conyugal y encuentro familiar.
La metodología de la agrupación católica son reuniones cada 15 días en los hogares de los matrimonios, madres y jóvenes del MFC.
La invitación a incorporarse está abierta a cualquier persona interesada en formar parte del Movimiento.
El MFC tiene presencia en la mayoría de las iglesias de la arquidiócesis.
Edgar y América resaltan que en estos tiempos en los que la familia está siendo muy atacada, lo que el Movimiento promueve es el diálogo conyugal, para que muchas de esas problemáticas que llegan del exterior y que se pueden presentar en la propia familia, se tengan más herramientas, siempre iluminados por la palabra de Dios, para resolver esas situaciones que se pueden llegar a presentar.
Hoy día el MFC está integrado por 620 matrimonios, 122 jóvenes y adolescentes, y 140 madres responsables (solteras, viudas o divorciadas).— IRIS CEBALLOS ALVARADO
