Con el orgullo de la mexicanidad a flor de piel y la música envolviendo el ambiente con reminiscencias de la cultura maya, sones, danzas indígenas y ritmos tradicionales transcurrió el “Concierto mexicano” que la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) brindó anteanoche ante un público que le aplaudió con entusiasmo.

La Sala de Conciertos del Palacio de la Música fue sede de la presentación, muy esperada por los seguidores de la OSY, ya que en el mes patrio se acostumbra realizar un programa especial de música mexicana que suele encantar al público y esta vez no fue la excepción.

Las obras de autores nacionalistas llenaron el recinto, que lo mismo retumbó con las percusiones que se embelesó con la cadencia de los violines y la potencia de los metales. En el escenario los músicos mostraron el orgullo de ser mexicanos o vivir en esta nación al colocar banderas en los atriles y los instrumentos, y hubo unos cuantos que portaron corbatines tricolores y hasta un sombrero típico.

El concierto se inició con la interpretación de “Tribu” de Daniel Ayala Pérez, compositor yucateco que se inspiró en la cultura maya.

Casi 90 años han transcurrido desde que la pieza fuera estrenada por el maestro Carlos Chávez, el 18 de octubre de 1935, en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, pero a los oídos de las generaciones de ayer y hoy su belleza con toques autóctonos no deja de cautivar.

La Orquesta prosiguió con la suite “México 1910” de Manuel Esperón, compositor, músico y actor de la llamada época de oro. La obra es un collage de temas mexicanos, que lo mismo da cabida a una balada romántica que a una marcha militar, corridos revolucionarios y música de salón.

La integran las piezas: “Adiós del soldado”, “5 de diana”, “Introducción a Tierra Blanca”, “Adelita”, “Marietta”, “Valentina”, “La Rielera”, “Zacatecas”, “Mi querido capitán”, “Marcha Dragona” y “¡Viva México!”, con un final potente que llenó de emoción al público que aplaudió con entusiasmo. Algunos “¡bravo!” se dejaron escuchar en el recinto.

De estreno

La velada incluyó el estreno mundial en su versión orquestal de “Pucciniana”, del yucateco Roberto Abraham Mafud —presente en el concierto— con arreglos de Russell Montañez Coronado, integrante de la sección de violas de la Sinfónica.

La composición surgió a raíz de una exposición en Mérida de facsímiles y vestimentas que se usaron en las primeras representaciones de las óperas de Giacomo Puccini. Para la ocasión estuvieron en la ciudad integrantes de la Fundación Puccini de Luca, Italia, y el ayuntamiento de esa ciudad, donde nació el compositor.

A Russell Montañez se le pidió ofrecer un concierto con la Orquesta de Cámara de Mérida, que él dirige, con piezas de Puccini, pero de éste solo hay una versión para ese tipo de formación: “Crisantemos”, original para cuarteto de cuerdas.

Buscando otras obras para interpretar en el concierto se le ocurrió que Mérida le regalara a la ciudad de Luca y a la Fundación Puccini algunas composiciones meridanas y recurrió a Roberto Abraham Mafud para esta tarea. Eligieron tres piezas que inicialmente eran para piano, entre éstas el Preludio número 3, y se creó un tríptico al que Abraham Mafud llamó “Pucciniana”.

Russell Montañez hizo el arreglo para orquesta de cámara y el Preludio número 3 resultó la más llamativa para el público y ya es parte de la firma del trabajo de la agrupación municipal.

El éxito de la pieza, estrenada el 1 de mayo de 2016, llevó al compositor y al arreglista a hacer una versión para sinfónica. De nueva cuenta Montañez Coronado hizo y revisó los arreglos, mientras que la instrumentación recayó en Marcos Lifshitz y la correvisión, en David Silva Monje.

Anteanoche por primera vez se escuchó la versión sinfónica, que fue muy aplaudida por los asistentes.

Pero la noche no se detuvo ahí, sino que la fiesta musical prosiguió con la Sinfonía número 2 “India” de Carlos Chávez, con reminiscencias de ritmos y danzas indígenas, claro ejemplo de la música nacionalista. De nueva cuenta el público se desbordó en sonoros aplausos.

“Sones de mariachi”, de Blas Galindo, continuó en el repertorio. Es una obra que denota el espíritu jalisciense del autor, que retoma piezas populares como “El son de la Negra”, “El zopilote” y “Los cuatro reales”.

El público, que llenó el recinto en su totalidad, casi zapateaba en los asientos y se podía percibir el impulso de querer ponerse de pie y menear los faldones.

La velada nacionalista no podía dejar de lado el Danzón número 2 de Arturo Márquez, considerada la segunda obra mexicana de concierto más conocida después del Huapango de Moncayo.

Claves y timbales resaltan en la pieza y las cadencias de la melodía se instalan en la memoria del escucha.

Himno nacionalista

Para cerrar el concierto, la Orquesta, bajo la batuta de José Areán, interpretó el Huapango, considerado “el segundo himno nacional mexicano”, y que no necesita presentación ni descripción, pues solo debe sentirse para vibrar y emocionarse con sus notas, tal como lo hizo el público, que aplaudió con sentida emoción la actuación de la Sinfónica de Yucatán. De pie y entre aplausos agradeció a la OSY.

Los asistentes se quedaron con un buen sabor de boca, que deberá durar varias semanas, ya que, como hemos informado, la OSY no tendrá más conciertos antes de que el cambio de gobierno se lleve al cabo en octubre.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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