Mariana Enríquez con la medalla de Visitante Ilustre de Montevideo, el lunes 16 pasado
Mariana Enríquez con la medalla de Visitante Ilustre de Montevideo, el lunes 16 pasado

MONTEVIDEO (EFE).— Categórica en la afirmación de que 2024 no es un año “tan terrorífico” como otros, pero que carga con el horror de que “todo es absolutamente incierto”, Mariana Enríquez considera que “el concepto de lo real es muy tenue y eso da mucho miedo”.

La argentina, traducida a 23 lenguas y con miles de lectores, cuenta ya con una de las plumas más reconocidas en el género del horror.

La autora se remonta a sus inicios para analizar cómo la coyuntura actual dialoga con una ficción que toma de la realidad buena parte de su dosis de miedo.

“Empecé a escribir terror porque uno de los conceptos terroríficos que me parecía muy contemporáneo era no poder saber si lo real es real”, revela la ganadora del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2024.

“Lo siniestro de que la persona que está ahí no sea lo que es” y que la incertidumbre esté impregnada en la cotidianidad de la gente es algo que sentía “muy bien planteado” desde el terror.

“Y esto ahora vos lo ves, todo el tiempo. Quizás las cosas que pasan no son violentas, pero todo es absolutamente incierto”, dice Enríquez, quien cree que “a lo mejor el mundo tiene diferentes momentos” y este año no es de los peores de la Historia, aunque presenta “sus propios horrores”.

“Si estamos hablando de 2024, creo que no es tan terrorífico como 1940, 1989 en Rusia o los 70 en América Latina, pero tiene sus propios horrores”.

Enríquez revela que han falseado su imagen en Zoom, lo que la lleva a concluir que no se puede confiar ni siquiera en lo que se ve.

Estar “scrolleando” durante cinco horas en redes sociales “es como si te hubiesen implantado algo en la cabeza” y advierte de las noticias falsas y las máquinas que pueden “escribir un libro al estilo de alguien” y deben ser resistidas” como fuentes de nuevos miedos.

“El concepto de lo real es muy tenue y eso da mucho miedo, más allá de lo que pase en el día a día con la incertidumbre económica, la inseguridad criminal, dramas que son más o menos los de siempre; tenés que agregarle una especie de desconfianza absoluta en lo que es real. Eso me parece bastante terrorífico”.

La autora señala que está escribiendo “una novela o dos”, una de ellas sobre sus lecturas. “No tengo mucho tiempo. Por suerte la gente está muy interesada en hablar conmigo y me divierte mucho y lo hago, pero me tengo que tomar un tiempo para sentarme y escribir, porque ya tengo montones de cuadernos con ideas que tengo que poner en orden”.

Sobre el horror de la dictadura, que aparece en su obra, admite que marcó su infancia. “La generación de mis padres es la que mataron, entonces mi generación es la generación huérfana. Un trauma de esas características no se va porque pase el tiempo, hay que trabajarlo y creo que las consecuencias por un lado son psicológicas, pero las físicas no se terminan tampoco”.

“Es un trauma que vos podés no sentirlo nunca en tu vida, yo de hecho no lo siento mucho, pero sale todo el tiempo en la ficción y es por algo, porque hay como una cicatriz en el inconsciente que a mí también me gustaría escribir de otra cosa, me aburro, pero ahí está”.

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