Desde hace muchos años, cada 29 de septiembre cientos de personas se concentran alrededor de la plaza principal de Maxcanú para presenciar la procesión en honor a San Miguel Arcángel.

La actividad es la más esperada por los habitantes de la villa, al punto que muchos de los que ahora radican en otros pueblos, ciudades o estados retornan para la fiesta, que destaca por su espectacular desfile de pabellones y estandartes coloridos.

Aunque las festividades comenzaron el 7 de septiembre con la tradicional vaquería, seguida de entrada de gremios a partir del día 11, es el 29 cuando la fiesta religiosa adquiere la dimensión de espectáculo masivo.

Es tanta la convocatoria que la misa es celebrada en el exterior del templo y el número de sillas colocadas nunca es suficiente para todos los asistentes.

La cantidad de feligreses siempre sorprende al obispo auxiliar monseñor Pedro Mena Díaz, quien la concelebró con el padre párroco Fausto Castillo Pereyra. Reconoce que desde el altar es impresionante cómo se ve y responde la feligresía.

La mayoría de los asistentes viste el traje regional. Destaca el hilo contado de los ternos e hipiles de las mujeres, que escuchan la misa con sombrillas ante el inclemente Sol de 9 y 10 de la mañana.

Por eso no es extraño (o sí) ver a vendedores de agua, bolis, sombrillas y sombreros en el atrio, mezclados con quienes llegan tarde, ofertando sus productos durante la celebración.

Cuando finaliza la misa, todos se disponen a ocupar sus lugares para la procesión: primero la locomotora del gremio de Ferrocarrileros, luego los estandartes y pabellones de cada uno de los 18 grupos registrados, siguen las imágenes y por último el pueblo con sus ramos de flores. También toman parte la embajadora y exembajadoras de la fiesta ataviadas con ternos matizados y coronas brillantes.

El obispo Mena Díaz se disculpa de no caminar la procesión por compromisos en otro municipio, pero ya antes había felicitado a la gente por su devoción a San Miguel Arcángel, a quien llamó protector de Maxcanú.

En lo que la procesión se organiza, muchas personas se trasladan hacia la barda del lado norte del templo parroquial (construido en un terreno elevado) para ver desde arriba el desfile que comienza cuando repican las campanas y suena el silbato del tren.

La emoción de cada uno de los participantes es notoria, el fervor está al máximo y los voladores no dejan de reventar. Es tanto el entusiasmo que a nadie parece importarle que la temperatura a esa hora sea de 33 grados Celsius con una sensación térmica de 39.

En el parque, un grupo de personas eleva globos de Cantoya cuando la imagen de San Miguel Arcángel, que tiene más de 300 años, según los pobladores, se acerca.

En los bajos del palacio, en las puertas de los comercios y bajo los toldos de los juegos mecánicos hay gente aguardando el paso del llamado jefe de la milicia celestial.

De regreso a la iglesia parroquial, la imagen es llevada al interior y colocada enfrente del altar para que los fieles pasen a venerarla antes acudir a la sede de cada uno de los gremios a celebrar.

Todo el pueblo está de fiesta. En las cuatro secciones en las que está dividido hay baile, comida, botanas y bebidas desde el mediodía hasta muy entrada la noche. Los tacos de cochinita y las cervezas fluyen conforme pasa la tarde.

Mucha gente se organiza para acompañar la entrada de los gremios y a los bailes populares con la Banda Ysrael o Los Méndez, según sea el caso, o escuchar a “Wesu Angelito” hablar maya y tomarse fotos con él.— IVÁN CANUL EK

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