Tomé de la red esta reflexión que parece ser escrita por una persona de Venezuela. En ella se habla sobre la manera en que nos van entrenando hasta llegar a una sumisión a la que poco a poco nos vamos acostumbrando.
“Un buen día, Chávez dijo una grosería en la televisión y al principio muchos se escandalizaron, pero dijeron: ‘Bueno, no importa, es su personalidad, hay que acostumbrarse’”.
“Otro día se empezaron a expropiar fincas y edificios y nos acostumbramos. Vimos cerrarse varias empresas, lo que al principio nos inquietó pero, con el paso del tiempo… nos acostumbramos”.
“El proceso siguió. Se censuraron periodistas, se cerraron emisiones de radio y nos acostumbramos a aceptar pequeñas pérdidas que nos fueron dejando como anestesiados, sin darnos cuenta de que nos iban preparando para doblegarnos ante pérdidas más grandes”.
“Y un buen día sin darnos cuenta también tuvimos que hacer cola para comprar comida y después para comprar gas, agua y gasolina y… nos acostumbramos”.
“Nuestra voluntad se fue preparando a ser sumisos, pero lo peor de todo es que las nuevas generaciones —que van creciendo bajo ese sistema— van asumiendo, que ‘todo es normal’”.
El correo termina con una frase de Edmundo Burkely, misma que les transcribo: “La única manera de que el mal triunfe en el mundo es que los hombres buenos se acostumbren y no hagan nada”.
