• El padre Alejo Huchim Kumul (tercero de izquierda a derecha) y amigos y familiares de monseñor Manuel Vargas Góngora posan junto a la lápida que costearon en honor del sacerdote fallecido en septiembre
  • Sobre estas líneas, amigos y familiares de monseñor Manuel Vargas Góngora reunidos ayer en el Mausoleo del Clero en el Cementerio General; debajo, un acercamiento a la nueva lápida

Monseñor Manuel Vargas Góngora, de quien recientemente se cumplieron dos meses de su partida, sigue presente en la memoria de sus amigos.

El apreciado sacerdote de la Arquidiócesis de Yucatán falleció el 2 de septiembre pasado y sus restos mortales fueron depositados en el Mausoleo del Clero del Cementerio General.

Amigos de monseñor Vargas reunieron los recursos suficientes para hacer su lápida de mármol, que ayer fue bendecida junto con la de su hermano, el presbítero Ángel, quien falleció el 2 de octubre pasado.

El padre Alejo Huchim Kumul bendijo las lápidas en una ceremonia que se realizó a las 8:30 de la mañana.

La lápida del padre Ángel es de granito y tiene un crucifijo con una escultura de Cristo en la cruz.

Los amigos del padre Manuel, quienes se dicen agradecidos con la amistad, cariño y enseñanzas del sacerdote, encargaron la lápida en un modelo como si fuera un libro abierto, con palabras en las que se recuerdan que fue un “soldado de Cristo” y las fechas de nacimiento y fallecimiento.

La lápida también incluye un pensamiento que resume el sentir por el sacerdote: “Gracias por tus consejos, tu alegría contagiosa y enseñanzas que sembraste en nuestros corazones. Te recordaremos siempre los que te quisimos en vida”.

En el vaso colocaron las flores que le gustaban a monseñor Vargas.

El padre Alejo es el encargado de la rectoría de Santa Lucía, la última iglesia que le encomendaron a monseñor Manuel Vargas.

A la actividad asistieron amigos del estimado sacerdote; uno de ellos fue Didier Medina Lara, quien conoció al padre Manuel en su juventud en el barrio de San Cristóbal. Compartió que una de las enseñanzas que le dejó monseñor Manuel Vargas es realizar actividades en favor del prójimo y no decirlas. “Otras fueron portarse bien, cumplir con los 10 mandamientos”.

Por su parte, Guadalupe Bazán Suaste, una cercana colaboradora del padre Ángel Vargas, acudió a orar por el eterno descanso del sacerdote en compañía de sus padres. Dijo que del sacerdote aprendió a “amar al prójimo, servir a los pobres y a los necesitados y tener presente los sacramentos, sobre todo la Eucaristía”.

El padre Alejo Huchim bendijo el mausoleo.

También asistieron amigos y sobrinas de los sacerdotes fallecidos a la actividad, que incluyó interpretación de canciones que gustaban a monseñor Vargas.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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