El riñón del doctor José Elías Abdala Siqueff no daba para más. Él lo sabía. Lo supo al recibir el diagnóstico de riñones poliquísticos, enfermedad hereditaria en la que se forman quistes llenos de agua dentro de los riñones, causando el aumento de su tamaño y que vayan perdiendo su función.
Antes llevaba una vida normal: creció, estudió, se graduó como médico, cursó la especialidad de cirugía reconstructiva, se casó con Rita María Márquez Sierra, tuvo hijos, adquirió una casa grande, abrió su propio consultorio… La vida soñada.
Primeros síntomas
Pero al cumplir 50 años la enfermedad que hasta entonces parecía haberse olvidado de él se manifestó a manera de cansancio y desánimo.
“Empecé a notar deterioro de mis funciones para trabajar; te empiezas a cansar muchísimo, pierdes las ganas de trabajar”, explica.
Como médico, estaba consciente que en algún momento necesitaría la terapia sustituta o, como se le conoce popularmente, hemodiálisis; mientras tanto, se sometió a un tratamiento médico y nutricional.
Así estuvo durante 13 años hasta que en enero de 2023 su problema renal se agravó. Para abril ya recibía hemodiálisis dos veces por semana. Aunque se dice que la hemodiálisis es un tratamiento de por vida, la esperanza de vida de una persona en esa condición es de cinco a 10 años, según factores como la edad, el género y otros problemas de salud.
El trasplante de riñón
José Elías sabía que en algún momento sería necesario un trasplante de riñón, pero ¿de quién? Sus padres y su único hermano ya habían muerto, sus hijos no eran aptos dado que la poliquistosis renal es un trastorno genético, y su esposa Rita, tampoco.
Aun así, a los tres meses de haber iniciado su tratamiento decidió ir a consultar al Hospital Christus Muguerza de Monterrey, donde se realizó todos los estudios y siguió los protocolos para quedar inscrito en las listas del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra).
Desgraciadamente, dice, la lista no se maneja de forma general como en algunos países de Europa. “Aquí cada institución maneja sus propias listas. El Seguro Social ve por sus asegurados, el Issste hace lo mismo; Salubridad, también. Literalmente estás en espera y así miles de pacientes esperando todo tipo de donación”.
Hasta junio de ese mismo año, en la lista de receptores del Cenatra había 16,370 pacientes en espera de un riñón. Una cifra poco alentadora tomando en cuenta que un año atrás, en 2022, en la lista había 15,454 en espera y solamente se realizaron 2,715 trasplantes, de los cuales en 1,990 de los casos el órgano provino de un donante vivo, y en 725, de uno ya fallecido.
A pesar de la lista, a pesar de darse cuenta que muchos familiares de pacientes con muerte cerebral se niegan a donar los órganos sin pensar que con ello pueden salvar varias vidas, el doctor Abdala no perdió el ánimo.
“Tienes que estar muy positivo, para empezar, es una lista en la que no sabes quién está o cómo se maneja. Ni como médico sabíamos realmente qué iba a pasar. Dependes mucho de la gente que maneja eso. Pero sí debes tener una mente muy positiva”.
José Elías no dejó de trabajar y había ocasiones en que al terminar una cirugía corría a su hemodiálisis. “Tratas de sobrellevar la situación para que no decaigas de ánimo y te deprimas. Sabes que dependes de la máquina, pero es importante seguir con tu vida. Si no te pones en esa actitud, te vas para abajo”.
Pasaron julio, agosto, septiembre… y la lista de espera seguía igual. Interminable. “Solo quedaba esperar en qué momento me tocaba una persona que fuera compatible conmigo”.
Mientras, en algún lugar su ángel se manifestaría en el cuerpo, la voz y el corazón de su amiga de muchos años María Beatriz Vales García de Guillermo.
“Ella se ofreció. Fue un acto de tremenda benevolencia, impresionante. Al principio mi familia y yo estábamos un poco incrédulos porque María Beatriz y yo no somos parientes, ni siquiera lejanos. Yo solo tuve un hermano que ya falleció”.
El trasplante se realizó en noviembre de 2023 y siempre mostró preocupación por María Beatriz hasta el día que le dieron de alta. María Beatriz no tuvo complicaciones y a la semana de la cirugía estaba de vuelta en Mérida. Él en cambio, permaneció un mes en el hospital y luego pasó dos meses aislado en su casa.
El doctor, quien hoy tiene 64 años, retomó sus actividades en marzo pasado, no solo con un nuevo riñón, sino también con una familia más grande. “Ahora, María Beatriz es mi hermana, es la hermana que Dios me mandó. Estoy tremendamente agradecido”.
Son “hermanos” de riñón
Antes de que se convirtieran en “hermanos” de riñón, María Beatriz Vales García y el doctor José Elías Abdala Siqueff ya eran amigos desde hacía más de 40 años, y con sus respectivos cónyuges habían vivido muchos momentos entrañables.
Por eso, cuando a principios de 2023 María Beatriz y su esposo, Felipe Guillermo Claussell, se enteraron de que José Elías necesitaba un riñón, sintieron que les caía un balde de agua fría. Era de esas noticias que uno espera que no sean verdad, pero era real.
Los Guillermo Vales habían atravesado por una situación similar y sabían lo importante que era recibir un riñón para seguir viviendo, pero también sabían que era muy difícil, pues las listas de espera suelen ser bastante largas, y uno literalmente está en espera de que una persona tenga muerte cerebral y sea donadora, o que alguien tenga la voluntad de donar uno.
Seis años atrás, cuando todo parecía felicidad en la familia, al yerno de María Beatriz, esposo de su hija mayor, le diagnosticaron riñones infantiles, es decir, que no se desarrollaron. El médico indicó que era necesario un trasplante.
Desesperada, la esposa del joven, entonces de 31 años, publicó en Facebook que su marido necesitaba un riñón y ocho personas respondieron, entre familiares y personas a las que no conocía pero que decían que Dios les había dado dos riñones y podían vivir con uno.
Al final, fue la hermana del joven quien realizó la donación, pero la respuesta de gente extraña, con la que nunca habían hablado, marcó a la familia.
“Mi yerno es trasplantado y, gracias a su hermana que donó el riñón, hoy mi hija tiene esposo, mi nieto tiene papá y nosotros, yerno”, dice María Beatriz, quien no pensó en volver por esa situación hasta que seis años después se enteró de la necesidad de su amigo.
“Cuando uno ya lo vivió, cuando Dios ya tocó a tu puerta, puedes entender mucho más lo que las familias están viviendo. Ahora Dios nos daba el privilegio de poder compartir vida. Nosotros pedíamos por José para tener un donador, pero a veces uno pide y no pensamos que fuéramos los elegidos”.
María Beatriz recuerda que su esposo, luego que los familiares del doctor Abdala quedaran descartados como donantes, se ofreció a donar su riñón, pero por cuestiones de salud no pudo; entonces ella se animó a hacerse las pruebas, aunque las posibilidades, al parecer, eran remotas, y además, todavía estaba a tiempo, pues no llegaba a los 65 años, la edad límite para donar. “Estábamos contagiados de vida, de dar vida, de dar esperanza”, admite María Beatriz, quien en ese entonces tenía 60 años.
La decisión, empero, no la tomó en solitario. Su esposo, desde luego, estaba convencido, pero tenía que consultarles a sus dos hijas y también a sus dos yernos. “Todos dijeron sí a la donación, sin eso no se hubiera podido hacer porque es importante el núcleo familiar”.
Con el visto bueno de la familia, María Beatriz llamó a la esposa del doctor Abdala, Rita María Márquez Sierra, para informarle de su decisión. “No hablé con él (el doctor Abdala) porque sabía que me iba a decir que no”, reconoce. Recuerda que todos quedaron sorprendidos y plenamente agradecidos. También le dijeron, incluso un día antes del trasplante, que estaba en todo su derecho de arrepentirse, pero María Beatriz estaba convencida de que donar es dar vida.
En el tiempo que José Elías comenzó con los tratamientos de hemodiálisis, María Beatriz viajó a España con su esposo, sus hermanas y sus cuñados para realizar el Camino de Santiago.
“Caminamos 110 kilómetros y en ese andar pedimos mucho por José. Nos fuimos muy preocupados por su estado de salud. Él es un doctor que se ha caracterizado por ser generoso, y sensibilizados por lo que habíamos vivido, al llegar a Santiago de Compostela y con nuestras medallas de la vida pedimos por José, pensando que seríamos los elegidos”.
De regreso, y convencida de que los caminos y los tiempos de Dios son perfectos, María Beatriz se tomó las muestras en el hospital Muguerza de Mérida, las cuales fueron enviadas a una clínica de Monterrey para los estudios de compatibilidad. En cuatro horas, rememora, le dieron los resultados: la compatibilidad era de un 80%.
El resultado sorprendió a los doctores, pues ni María Beatriz ni José Elías eran parientes, ni siquiera lejanos, y según los estudios, la compatibilidad que se llega a tener cuando el donante es cadavérico, y no hay lazos consanguíneos, es de 70%, mientras que de familiares es del 95%.
Lo que siguió para María Beatriz fue prepararse física, psicológica y espiritualmente. “Un querido amigo sacerdote nos ayudó, desde el día que se tomó la decisión hasta tres meses después, a mantener esa línea para llegar con paz y seguridad”..
Hasta antes de la operación, María Beatriz tuvo que repetir que estaba plenamente convencida, incluso tuvo que responder varias preguntas de los médicos: que si estaba consciente de su edad, que desde cuándo conocía al doctor Abdala, que si tenían fotos de muchos años atrás en los que aparecieran juntos… Incluso, tuvo que llevar a un notario una carta firmada en presencia de un psicólogo
En noviembre de 2023, María Beatriz y el doctor José Elías entraron al quirófano para la operación, la cual se realizó con éxito.
A los dos días del trasplante, María Beatriz, ya sin el riñón derecho, estaba fuera y caminando. “A la semana regresé a Mérida y como me veo ahora así me veía, sin mayor problema”.
Asegura que el donante no pasa por ninguna complicación, incluso puede tomar un refresco al día, incluso una copa de vino. “Mi vida no ha cambiado, siempre hago mis cosas normales, mi alimentación siempre la he cuidado, no tengo que tomar ningún medicamento”.
“Árbol de la vida”
Once meses después de la operación, María Beatriz y el doctor José Elías regresaron a la clínica de Monterrey para plasmar su huella en un “Árbol de la vida”. En las hojas del árbol están los nombres de todos aquéllos que han sido donadores.
“Los amigos son la familia que uno escoge y que en vida es donde hay que dar a manos llenas, nosotros somos amor y no hay nada mejor que compartirlo”, sostiene María Beatriz.
“Hoy por hoy digo: gracias, José, porque una parte de mí vive en ti”.
María Beatriz Vales García invita a las personas a ser donantes. “El que dona no tiene que pasar por nada ni antes ni después. Podemos vivir con un riñón y un solo pulmón, y una persona que fallece de muerte cerebral puede dar siete nuevas vidas”, subraya.
Momentos especiales
Ella no se arrepiente de donarle su riñón a José Elías Abdala Siqueff, con quien ha compartido bodas de amigos, nacimiento de hijos y nietos. “Eso es lo que queremos, que ellos (José Elías y Rita) vivieran. ¿Cómo íbamos a privar a nuestros amigos de que sean abuelos?”, pregunta María Beatriz, quien resalta que con donar se puede salvar el mundo, pues se donan vidas y se salvan familias.


