• Vista del pabellón de España, donde los lectores pueden encontrar naturaleza, tecnología y descanso en la Feria del Libro de Guadalajara
  • En el orden habitual, los diseñadores españoles Elena Fuentes, Ramón Martínez, Jorge Sobejano y Álvaro Molins, en el pabellón de su país

GUADALAJARA (EFE).— Naturaleza, tecnología, lectura y descanso son los ingredientes que dan vida al pabellón de España como país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, un lugar “de ida y vuelta” para el encuentro y el disfrute.

El espacio es un bosque natural que hace converger los caminos de cientos de personas que llegan a la feria más importante de habla hispana para encontrar libros, conocer a su autora o autor favorito, o acudir a alguna de las 3,000 actividades y presentaciones que conforman el programa general.

El pabellón está inspirado en el movimiento y también en el intercambio que históricamente ha habido entre España y América Latina, explicó ayer Álvaro Molins, parte del Studio BURR, que diseñó el espacio mediante licitación pública.

“Nace de recoger el mensaje del comisario del pabellón de España que hablaba del camino de ida y vuelta hablando sobre los movimientos tanto de la literatura como de los escritores entre España y los países latinoamericanos”.

Una vez que se entra a la feria es inevitable percibir el olor a hierba y a frescura que proviene de las islas con plantas que han sido dispuestas en la mitad de los 1,000 metros cuadrados del pabellón.

Doce especies endémicas de la península ibérica y 12 del territorio mexicano conviven en un “paisaje inventado”, como lo llaman los diseñadores, que incluye agaves, lavandas, yucas, olivos, pinos y romeros que le inyectan vida al lugar.

Ramón Martínez, uno de los arquitectos que dio vida al proyecto, explicó que la idea de tener un pequeño bosque nació de la sensación que da realizar lecturas al aire libre o en espacios naturales y que se concretó gracias a la colaboración con la empresa de paisajismo española Ambienta.

Añadió que las especies españolas fueron elegidas no solamente para que pudieran sobrevivir en un espacio cerrado y con poca luz natural directa durante la feria literaria, sino que lograran sobrevivir en México, pues serán donadas al Museo de Ciencias Ambientales cuando concluya el programa.

Un espacio de descanso

Situado en el corazón del recinto ferial, el pabellón español se ha convertido en pocos días en un lugar para que las y los asistentes encuentren un momento de tranquilidad para la lectura, el descanso o para la conversación fugaz.

En los asientos de las jardineras de color amarillo es posible ver a familias comiendo algún “snack” para reponer fuerzas, a amigas tomándose fotos o a parejas conversando con las manos llenas de bolsos con libros dentro.

La arquitecta Elena Fuentes expresó que el espacio invita al disfrute, a bajar el acelerador en una feria con tantas cosas por hacer, de manera que quienes crucen por ahí quieran detenerse en alguna de las jardineras, escuchar las charlas u hojear algún libro.

“Es un lugar de encuentro, de descanso, de celebración y de esparcimiento para que tanto la gente que entre como la que salga o la gente que necesita un rato porque se ha comprado un libro o porque se ha encontrado con alguien en alguno de todos estos rincones puedan pararse un momento”, expresó.

En una de las secciones del pabellón se erigen estantes de color rosa que albergan a los cerca de 12,000 títulos que conforman la oferta de editoriales ibéricas, una especie de pequeña babel en la que es posible encontrar libros en todas las lenguas oficiales.

Al lado de la librería, una pantalla circular de fondo azul muestra las actividades protagonizadas por las 230 autoras y autores, artistas y profesionales que conforman la delegación en la feria.

Por último, los arquitectos subrayaron que el pabellón fue construido con materiales sustentables y parte de la estantería será donada a una biblioteca pública en Guadalajara, con la finalidad de que sean reutilizadas y evitar la mayor cantidad de desechos.

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