La escritora Han Kang (izquierda), de Corea del Sur, después dar lectura a su agradecimiento por recibir el Premio Nobel de Literatura 2024
La escritora Han Kang (izquierda), de Corea del Sur, después dar lectura a su agradecimiento por recibir el Premio Nobel de Literatura 2024

ESTOCOLMO (EFE).— La Premio Nobel de Literatura 2024, Han Kang, dijo que cuando escribe usa su cuerpo, “todos los detalles sensoriales” y las emociones para infundir en sus frases esas sensaciones vividas “como ser mortal con sangre corriendo por su cuerpo”, como si enviara corriente eléctrica.

La escritora surcoreana pronunció ayer su discurso de aceptación del Premio Nobel, durante el que tejió el “hilo de oro” que le une con los poemas de su infancia y el del lenguaje que le conecta con los lectores.

También reflexionó sobre la “fuerza impulsora” de su escritura, la cual creía que era una pregunta constante en sus obras: ¿por qué el mundo puede ser violento y sin embargo tan bello? Pero recientemente empezó a pensar en el amor como el auténtico trasfondo fundamental.

“La luz y el hilo” es el título de la lectura de Han (1970, Gwangju, Corea del Sur), quien pasado mañana recibirá, con demás premiados, el galardón de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia.

Han explicó que cuando escribe utiliza su cuerpo. “Todos los detalles sensoriales” de ver, de escuchar, de oler, de saborear, de experimentar la ternura y el calor y el frío y el dolor, de notar que su corazón se acelera, de caminar y correr.

Con ello, “intento infundir en mis frases esas sensaciones vívidas que siento como un ser mortal con la sangre corriendo por su cuerpo”, como si enviara una corriente eléctrica.

Y cuando siente que esa corriente se transmite al lector, vuelve a experimentar el “hilo del lenguaje” y cómo sus preguntas se relacionaran con los lectores “a través de ese ser eléctrico y vivo”.

Por ello, expresó su “más profundo agradecimiento” a todos los que han conectado con ella “a través de ese hilo, así como a todos aquéllos que se puedan acercar a hacerlo”.

Han dijo que lo que le atrae de su trabajo es el modo en que puede ahondar y detenerse en las cuestiones que considera “imperativas y urgentes”.

“Cuando llego al final de esas preguntas, que no es lo mismo que cuando encuentro las repuestas, es cuando llego al final del proceso de escritura. En ese momento, ya no soy la misma que cuando empecé”. Hay que esperar a que las siguientes preguntas se sucedan para que escriba algo nuevo.

En ‘La vegetariana’, Premio Booker Internacional en 2017 (diez años después de la publicación en su país), se pregunta si alguien puede ser alguna vez completamente inocente; hasta qué punto se puede rechazar la violencia o qué le ocurre a quien se niega a pertenecer a “la especie llamada humana”.

La autora explicó las razones detrás de las novelas que narran hechos traumáticos de la historia de su país: “Actos humanos” (2014), sobre la masacre cometida por el ejército en 1980 en Gwangju, e “Imposible decir adiós” (2021), basada en un episodio similar de finales de la década de 1940 en la isla de Jeju.

Han recordó haber visto, con solo 12 años, un libro de fotografías sobre la represión en Gwangju, publicado y distribuido en secreto por los supervivientes y las familias de los fallecidos.

Imágenes de represión, pero también de filas de gente esperando a donar sangre ante un hospital. Dos actos humanos que “parecían irreconciliables” y esa incompatibilidad era un nudo que “no podía deshacer”.

En 2012, cuando “hacía tiempo que había perdido un sentido de confianza profundamente arraigada en los humanos”, volvió a enfrentarse al problema y entendió que escribir era la única forma de superarlo. De ahí surgió “Actos humanos”.

“¿Por qué el mundo es tan violento y doloroso? Y, sin embargo, ¿cómo puede ser el mundo tan bello?”. Durante mucho tiempo Han creyó que “la tensión y la lucha” entre esas frases era “la fuerza impulsora” de su escritura, porque eran las únicas preguntas constantes desde su primera novela.

Sin embargo, hace dos o tres años comenzó a dudar de que solo hubiera empezado a preguntarse por “el amor, el dolor que nos une”, dijo, tras publicar “Actos humanos”.

La nobel se planteó si era posible que, ya desde su primera novela, el amor fuera “el trasfondo más antiguo y fundamental” de su vida, hacia el que se había dirigido siempre “la capa más profunda” de sus indagaciones. Preguntas que quedaron en el aire.

Conecta su niñez

A comienzos de este año recuperó varios poemas que escribió a los ocho años y llamó su atención uno que comenzaba así: “¿Dónde está el amor?/ Está dentro de mi pecho palpitante./ ¿Qué es el amor?/ Es el hilo de oro que une nuestros corazones”.

Han sintió que “había una continuidad” entre algunas de las palabras escritas entonces y quien es ahora. “Dentro de mi pecho, en mi corazón palpitante. Entre nuestros corazones. El hilo dorado que une, un hilo que emana luz”.

El discurso fue precedido por la interpretación de unos movimientos escogidos de la Suite para violonchelo número 5 en do menor de Johann Sebastian Bach y completado con la lectura de unos fragmentos de la novela de Han “Imposible decir adiós”.

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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam

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