“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo” (Eleanor Roosevelt)

Si bien mi generación creció en un entorno de cierta seguridad patrimonial dadas las prestaciones y las prioridades que la sociedad brindaba y a la vez exigía, nuestra libertad emocional estaba seriamente comprometida con las normas y plagada de obligaciones que se daban por sentadas.

Nos tocó complacer a los padres, pero también a los hijos en aras de: “Ellos no van a pasar lo que yo pasé”; así los llenamos de privilegios que no se ganaron realmente, más que por nuestra decisión de romper el patrón familiar.

Sin querer los hemos hecho más frágiles afectivamente, aunque también más libres en su manera de actuar, sin cuestionar sus elecciones.

Pero como toda situación puede ser perfectible es hora de aprovechar ese desfase cultural en su beneficio haciéndonos conscientes que la vida es multicolor y en este proceso la gama no se concreta a una sino a miles de tonalidades que hay que vivir, desde la convicción de hacer lo que deseamos y no por la inercia de dar el siguiente paso.

Los hijos se van, las parejas no siempre permanecen, los empleos no son eternos y la demanda hoy más que nunca sobrepasa la oferta… solo si nos tenemos a nosotros mismos plenos y conscientes podremos redirigir nuestra cotidianidad a puerto seguro.

Escribo esto para que mi hija y mis sobrinas de sangre o de cariño sepan que siempre hay que tener un plan b y no desde la óptica del fracaso, sino de la previsión. Que la perseverancia es el camino siempre y cuando sepamos distinguir si el objetivo vale la pena. Tener la confianza para apostar por a la paz de espíritu construyendo un futuro en armonía.

El año termina y las cartas de este ciclo ya fueron echadas, pero recordemos que siempre podremos usar nuestra “poker face” para ganar la partida.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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