• Las bancas de la Catedral lucieron llenas durante la misa de fin de año, celebrada por el Arzobispo
  • Monseñor Gustavo Rodríguez Vega inciensa al Cristo de las Ampollas
  • Fieles en un momento del rezo

El corazón de Mérida se llenó de devoción y esperanza con los cientos de fieles congregados la noche del 31 de diciembre en la Catedral de San Ildefonso para participar en la misa de fin de año. Los asistentes elevaron oraciones para agradecer los favores recibidos en 2024 y pedir por un 2025 lleno de bendiciones y salud.

La Eucaristía, presidida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, estuvo marcada por el fervor de los asistentes, que reafirmaron su compromiso cristiano para el nuevo ciclo que comienza.

En la última celebración eucarística de 2024, el prelado recordó el inicio del Año Santo, que el papa Francisco inauguró el 24 de diciembre en el Vaticano. Todos los obispos del mundo, ese día o posteriores, en sus respectivas catedrales abrieron este ciclo espiritual.

Destacó la coincidencia de que la Navidad marca no solo el nacimiento de Cristo, sino también el inicio del año litúrgico. Invitó a los asistentes a reflexionar sobre el origen del calendario cristiano, basado en la encarnación del Hijo de Dios.

“Los años se cuentan a partir de Cristo”, recordó, para luego añadir que, al celebrar la Navidad, también celebramos un año nuevo desde la perspectiva cristiana. “Éste es el año 2025 de la encarnación de Jesús”.

El Arzobispo se refirió asimismo a la importancia de la Octava de Navidad, que se celebra con la misma solemnidad durante ocho días, desde la Nochebuena hasta la fiesta de Santa María Madre de Dios, el 1 de enero.

En este contexto, el prelado señaló cómo la Iglesia católica, desde hace más de dos mil años, ha afirmado la maternidad divina de María, algo que fue ratificado en el Concilio de Éfeso en 431. A través de un relato histórico, explicó cómo, en los primeros tiempos del cristianismo, hubo dudas sobre si María era madre de Dios, pero finalmente la Iglesia enseñó que, al ser el Hijo de María, Jesucristo es tanto verdadero Dios como verdadero hombre, lo que hace de María la Madre de Dios.

Los asistentes participaron en las oraciones y cánticos. Al finalizar la misa, el sacerdote impartió una bendición especial a los feligreses, que se arrodillaron con humildad para recibir la gracia divina que guiará sus pasos en el nuevo año.

La Catedral lucía adornada con flores blancas y rosas rojas.

“Para nosotros ésta es la mejor forma de cerrar el año, en presencia del Señor”, dijo Alejandra Puc Maas, quien acude en compañía de su madre a la misa cada año.— Darinka Ruiz Morimoto

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