“Ustedes han emulado a Jesús que se ponía en contacto con el Padre, y al contemplar la verdad encarnada en un Sacramento, en la hostia, manifiestan que siguen creyendo en lo que dijo: ‘Éste es mi cuerpo, tomad y comed todos de él’”, expresó el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, al presidir la misa de clausura de las Jornadas Eucarísticas.
La actividad tuvo lugar en la S.I. Catedral desde el primer día del mes y fueron en total 40 horas de adoración eucarística, en las que participaron los integrantes de la Cofradía del Santísimo Sacramento y de la Adoración Nocturna Mexicana.
El primer día del año comenzó el programa con una misa; las actividades se extendieron hasta anteayer viernes con diferentes momentos de exposición del Santísimo Sacramento, tanto por la mañana como por la tarde y la noche, y durante la madrugada (de 22 a 6 horas) se efectuó también la veneración con la Adoración Nocturna Mexicana.
Ayer sábado, de 9 a 11 horas hubo exposición del Santísimo Sacramento, y a las 11:15 dio comienzo la misa oficiada por el Arzobispo de Yucatán, que la celebró con el rector de la Catedral, padre Juan Pablo Moo Garrido.
En su homilía, monseñor Gustavo Rodríguez señaló que “Jesús se da a comer por nosotros, y ustedes se pueden dar como alimento a los demás”, ya que al brindar tiempo y servicio las personas se dan a los otros, e invitó a convertirse en pan de vida para los hermanos al dar su tiempo y cualidades. “Dios quiere que nos entreguemos al prójimo como lo hizo su hijo Jesucristo”.
Las Jornadas Eucarísticas, apuntó, cumplieron 40 horas de adoración, un número simbólico en el Antiguo Testamento y que en el Evangelio solo se menciona una vez, cuando se habla de los 40 días que Jesús pasó en el desierto, sitio al que fue a orar. “¿Y por qué ora si es el Hijo de Dios?”, preguntó el prelado, para enseguida explicar que lo hizo para ponerse en comunicación con el Padre, para prepararse para lo que venía.
Dijo que, por ello, con la adoración realizada los participantes imitan a Jesús, y recordó que en la Eucaristía se presenta a Cristo y se dice: “Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo…”.
Manifestó que aún se vive el tiempo de Navidad, y que al recordar el nacimiento de Jesús y el sitio donde ocurrió no es solo para enfatizar la pobreza en la que nació, sino porque es un lugar simbólico en el que fue depositado Jesús.
“Ahí se acercaban las ovejas a comer y el Niño se presentó como pan de vida. No es casualidad que Belén signifique ‘casa del pan’”.
“Ya desde entonces anuncia su entrega y el quedarse como alimento nuestro en forma sacramental”.
Una vez que la ceremonia eucarística finalizó, se realizó una procesión alrededor de la Plaza Grande con el Santísimo Sacramento, la cual llamó la atención de los transeúntes, tanto locales como visitantes, que no dudaron en detenerse para ver el paso de los devotos y tomar algunas fotografías.
Los feligreses participaron en la procesión para luego retornar a la Catedral. Con esta actividad concluyeron las Jornadas Eucarísticas.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
De un vistazo
Como los apóstoles
Durante la homilía, el Arzobispo habló de cómo los discípulos Juan y Andrés corrieron tras el Hijo de Dios para escuchar sus enseñanzas. “Ustedes también, mientras estaban frente al Santísimo, no platicando ni viendo el teléfono, sino atentos a Jesús, adorándolo y reconociendo a Jesús como el Salvador e Hijo de Dios, estaban escuchando sus enseñanzas”.
Dar testimonio
Dijo que esos momentos de oración, en los que adoraron a Jesús Sacramentado, lo hicieron en nombre de todos, los que creen y los que no creen. “Los invitó a dar testimonio de lo que viven y a que su vida entera sea un testimonio de lo que han visto y oído”.
