WASHINGTON (AP).— Mientras los cines luchan para atraer a los espectadores de vuelta a sus butacas tras los confinamientos por el Covid-19 y las huelgas en Hollywood, la industria promueve películas taquilleras como “Wicked” y los estrenos de “Barbie” y “Oppenheimer” como acontecimientos culturales sin igual.
Pero cuando ciertas películas se convierten en “eventos” por sí mismas, a veces desatan comportamientos diferentes en las salas.
Durante la proyección en salas de “Taylor Swift: The Eras Tour” en el otoño de 2023, los fans bailaban y cantaban las letras en los cines, compartiendo su alegría en las redes sociales.
El año pasado, los asistentes a las primeras proyecciones de “Wicked” hicieron lo mismo para disgusto de otros espectadores. El vídeo de una mujer vestida como Glinda la Bruja Buena acumuló más de un millón de vistas en TikTok y otras redes por decir a la sala: “Estoy aquí para escuchar a Cynthia (Erivo) y Ariana (Grande) cantar, no a ustedes”.
Tras un período en el que se acostumbraron a ver películas desde la comodidad de sus casas, los cinéfilos han regresado lentamente a las salas después del confinamiento por la pandemia.
En el camino, a medida que aumenta la asistencia, la cuestión de cómo comportarse siendo parte de una audiencia cinematográfica se ha convertido en tema de debate apasionado.
Cuando se le preguntó si es apropiado que los fans canten en el cine, Cynthia Erivo, estrella de “Wicked” que interpreta a Elphaba, la Bruja Mala del Oeste, dijo a NBC que piensa que la práctica es “maravillosa” y que “es hora de que todos se unan”.
Dwayne Johnson, quien interpreta a Maui en “Moana 2”, declaró a la BBC que los espectadores que han gastado su “dinero ganado con esfuerzo en una entrada” deberían poder cantar.
La reacción en línea fue rápida, un usuario respondió: “Yo también pagué mi dinero ganado con esfuerzo por una entrada y no quiero escucharlos intentando cantar. ¿Y ahora qué?”.
Todo gira en torno a dos preguntas que, como cualquier otra cosa en la cultura, están en constante evolución: ¿Cómo deberías comportarte cuando ves una película en un cine? ¿Y cuándo puede un espectador convertirse en un participante?
Las interrupciones reales en los cines parecen mínimas. Representantes de Alamo Drafthouse Cinema, una cadena conocida por sus diversas proyecciones de películas y servicio de comida, y ACX Cinemas, cadena familiar en el centro de Estados Unidos, dicen que no han experimentado nada grave.
La tradición del canto
El instinto de comunión en el cine apenas es nuevo. “Las proyecciones para cantar juntos han sido una parte destacada de ir al cine que se remonta a más de 100 años”, apunta
Ross Melnick, profesor de estudios de cine y medios en la Universidad de California en Santa Bárbara. Pero el canto, agrega, típicamente ocurre en “ambientes designados para cantar juntos, donde está claro que hay una actuación colectiva de la audiencia”.
Según Esther Morgan-Ellis, autora de “Everybody Sing!: Community Singing in the American Picture Palace (¡Todos a cantar!: El canto comunitario en el palacio de cine estadounidense”), las proyecciones de películas en Estados Unidos a finales de la década de 1920 y principios de 1930 a menudo eran precedidas por cantos colectivos.
Un organista interpretaba tres o cuatro canciones populares y se alentaba a las audiencias a unirse, a menudo guiadas por letras proyectadas en la pantalla.
En otros casos, el canto colectivo se acompañaba de un cortometraje que incluía las letras y una pelota que rebotaba en pantalla para ayudar a los asistentes a seguir el ritmo.
Mientras que el canto ha sido común desde hace tiempo, otros comportamientos alguna vez fueron objeto de acalorados debates. Cuando las películas eran un medio nuevo, las personas discutían no solo sobre el contenido de las películas en sí, sino sobre el lugar donde las veían.
¿Era la sala oscura un foco de vicio y comportamiento inmoral? ¿Deberían proyectarse las películas con las luces encendidas? ¿Debería permitirse o prohibirse hablar? Y, por supuesto, estaba la segregación; los cines en Estados Unidos no se integraron completamente hasta la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1964.
“Nunca hemos sido una sociedad monolítica. Nunca lo hemos sido y cada vez menos ahora”, señala Melnick. “Puedes saber mucho sobre Estados Unidos observando lo que está ocurriendo en sus cines”.
En 1944, MGM, el estudio que había producido “El mago de Oz” solo cinco años antes, lanzó un cortometraje titulado “Movie Pests (Plagas de cine)” que advertía a los espectadores sobre el hecho de incurrir en comportamientos disruptivos.
Algunas de las preocupaciones expresadas en la cinta —pegar chicle debajo de las sillas y quitarse los zapatos— todavía se consideran negativas hoy en día. Pero el corto también mostraba etiquetas de otra época, como quitarse los sacos en el vestíbulo de la sala y utilizar el perchero debajo de la silla.
Hoy en día, los momentos de participación están más acordes con los tiempos. Una cuenta de fans de Ariana Grande inició una tormenta en línea después de publicar en X que los usuarios deberían compartir fotos que tomaran de sus escenas favoritas de “Wicked”.
Mientras algunos comentaron y publicaron sus propias fotos, otros respondieron con comentarios sarcásticos. Una respuesta vino de la cuenta de Alamo Drafthouse, que replicó: “Oh, no hagas eso”.
La cadena tiene la política de no hablar o enviar mensajes de texto durante la función y los infractores son expulsados después de una advertencia.
Chaya Rosenthal, directora de mercadotecnia de Alamo Drafthouse, precisa que esa medida “se trata todo del respeto: respetar las películas, los cineastas y los compañeros cinéfilos que pagaron por una entrada y merecen una experiencia inmersiva”.
Para permitir a los visitantes elegir su experiencia de visualización preferida, las salas han ofrecido proyecciones especiales para cantar en “Wicked”.
El Main Cinema en Minneápolis determinó que las proyecciones de los lunes (y “solo los lunes”) son aquéllas en las que se permite cantar. Universal Pictures, que produjo “Wicked”, comenzó a ofrecer exhibiciones especiales para cantar con la película desde la Navidad.
Cuando los seguidores de Taylor Swift causaron un alboroto en 2023 bailando y cantando durante las proyecciones de “Taylor Swift: The Eras Tour”, Michael Barstow, el vicepresidente ejecutivo de ACX Cinemas, vio el alboroto no como una molestia sino como parte del atractivo.
“La razón por la que pagaron dinero y fueron a los cines fue tener una fiesta de baile con otras personas”, apunta Barstow. “Eso es algo hacia lo que deberíamos inclinarnos y abrazar y tratar de no ser demasiado policías de la diversión en esos auditorios”.
Para atraer a la gente de vuelta al cine, los distribuidores de películas y los propietarios de cines han ampliado los tipos de experiencias que ofrecen.
ACX Cinemas contrató actores para vestirse como personajes de “Wicked” y “Moana” para tomar fotos con los visitantes y organizó un brunch temático en su restaurante afiliado.
Las salas han comenzado a ofrecer cubetas de palomitas temáticas para acompañar películas importantes: con forma de gusano de arena para “Duna 2” y ataúdes góticos para “Nosferatu”.
Incluso antes de los confinamientos por la pandemia, los cines estaban cambiando las sillas de plástico por cómodos sillones reclinables de cuero, y camareros ofrecían servicio de comidas al lado del asiento (a menudo al costo de interrumpir a los espectadores para entregarles la cuenta).
Alamo Drafthouse organiza eventos de “fiesta de cine” en que se fomenta la interacción y su estricta política de no teléfonos queda anulada.
A los asistentes a una proyección especial de “Magic Mike XXL” se les dio dinero falso para lanzar a la pantalla, y se alentó a los visitantes a vestirse con atuendos del siglo XIX para proyecciones con té de películas como “Orgullo y prejuicio” y “Emma”.
Y aunque las experiencias únicas en el cine pueden estar aumentando en notoriedad, décadas de proyecciones nocturnas de “The Room” y “El show de terror de Rocky” han atraído a devotos a adoptar prácticas de visualización poco ortodoxas.
Los espectadores habituales se reúnen en proyecciones regulares para hacer comentarios sarcásticos sincronizados, lanzar objetos a la pantalla e incluso actuar la película.
“Es realmente difícil lo que hacemos todos, especialmente después de los últimos cuatro años”, admite Barstow.
“Lo divertido es que se vale todo en cuanto a ser creativo y probar cosas. Y eso es emocionante”.


