La escultura es el arte de la inteligencia. Pablo Picasso
Jorge Marín, artista que ha fijado su residencia entre la ciudad de México y su casa cerca del municipio de Acanceh, Yucatán, en la antigua hacienda henequenera decimonónica Sac Chich, ha logrado una sólida carrera como artista visual, especialmente por sus imponentes esculturas de personajes alados que nos remiten a la mitología antigua, especialmente la griega, a los llamados daimones, que podrían considerarse equivalentes a los ángeles occidentales, y cuyos cuerpos son representados en movimiento, desnudos de una marcada idealización en la creación de formas de un realismo a través de la perfección y la belleza clásica. Y no obstante que se tratan de personajes que parecen posar ante los ojos del espectador que los contempla, poseen un dinamismo en su máxima expresión. Nos alude también a la iconografía de Kairós, que se representa dentro de la mitología griega como un joven varonil desnudo y alado, o al alado Ícaro que voló hacia el cálido sol y su resplandeciente luz. La escultura en bronce es un trabajo en soporte metálico utilizado desde el XV a. C.; material que se consigue mediante una aleación de cobre y estaño, y que dada su configuración permite no solo su dureza, sino también una expansión o maleabilidad y contracción al fundirse y solidificarse, lo cual le hace especialmente adecuado para la realización del procedimiento de la cera perdida (el cual permite obtener figuras de metal por medio de un molde que se elabora a partir de un prototipo modelado en cera de abeja, escayola u otro material). Es así como el empleo del bronce como medio para la elaboración de su obra nos permite la reflexión sobre la perdurabilidad. Nos remontan al tiempo que vuela, a Cronos, el dios del tiempo que reinaba antes que el universo fuese creado y que suele conocérsele también por el nombre de Eón o Aión, es una deidad primigenia, es decir, uno de los primeros en nacer y que promovió la creación del universo, y que es relacionado también con la rotación de la tierra, los cielos y el transcurrir de las estaciones.
La belleza de sus personajes es percibida como una virtud humana que sirve de nexo entre la belleza física y lo espiritual, el cuerpo y el alma, por lo que las obras son creadas con equilibrio, proporción y belleza, elementos que, junto a la búsqueda del idealismo del cuerpo, se aprecia en la relación de estos tres elementos fundamentales en su obra en las que destaca su intención inconsciente de exponer el imaginario que vuela.
Con respecto a la concepción del tiempo, la primeridad se experimenta en una especie de instante intemporal, ya que aparece de repente en el instante presente, pero con tanta fuerza que nos hace como salir del mismo, es decir, eternidad efímera en el instante presente. Por otra parte, la verdad representada no solo con la propia presencia del objeto escultórico, sino en la belleza joven que se posa sobre el globo del mundo que es la realidad de nuestro contexto.
Es así como la obra de Jorge Marín se sitúa en la contemporaneidad revalidando la historia a través de su obra, la cual refleja una influencia de la escultura clásica, ya que utiliza el cuerpo humano como tema central para capturar la belleza y la fragilidad del mismo a través de una visible perfección técnica y los referentes simbólicos de las culturas de la antigüedad como concepto.
La selección de treinta piezas en escultura y grabado pertenecen a la Colección Pago en Especie, en custodia del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, Macay, y hay algunas de cortesía de la Galería Urbana, y cuya exposición tiene por finalidad extender los lazos de cooperación con el Museo de la Ciudad de Mérida, vinculado al Ayuntamiento de la Ciudad, lo que permite que los acervos puedan mostrarse al público en otro foro en el marco del Mérida Fest.
Curador
