El culto a los héroes existe y ha existido siempre y con carácter universal en el seno de la humanidad —Thomas Carlyle, escritor escocés (1795-1881)

Trato de situarme a finales del siglo XIV cuando los europeos llegaron al continente americano, en especial Cristóbal Colón, al que se le adjudica el descubrimiento un 12 de octubre de 1492. Ese evento debió de haber sido la noticia del siglo, mismo que produjo una aventura cultural posterior de la que nosotros los que habitamos esa América somos el resultado.

Sabemos que fueron los españoles los que llevaron al cabo lo que, podríamos decir, fue una hazaña y también los que dieron origen al mestizaje que ahora tenemos.

Los ingleses, que llegaron un siglo después a América del Norte, exterminaron casi en su totalidad a la población indígena, algo que no sucedió en nuestro territorio.

El punto es que la aseveración del descubrimiento, en el contexto histórico, es una realidad, pues no podemos negar que el continente americano estaba lleno de nativos (que se dice eran provenientes de Asia), que fueron penetrando en el territorio poco a poco para después crear brillantes civilizaciones donde tenían conocimientos amplios en medicina, en ingeniería hidráulica, en matemáticas y en diversas disciplinas.

Hace un tiempo y de manera arbitraria, fue removida la estatua de Colón que estaba en un lugar preponderante en la avenida Reforma de Ciudad de México. Era un bello conjunto escultórico creado en memoria del navegante genovés del mismo nombre creada por el escultor francés Charles Cordier e instalado en 1870 en la segunda glorieta del Paseo de la Reforma.

Después de tantos años se atrevieron a removerla con el pretexto de restaurarla y protegerla de vándalos que la querían destruir.

Cristóbal Colón llegó a América por accidente y dio pie a un largo proceso de colonización. Era, antes que nada, un navegante e hijo de comerciantes y fabricantes de textiles y de quesos.

Cristóbal Colón o Cristoforo Colombo (en italiano), que nació en 1451 en Italia y murió el 20 de mayo de 1506 en España, no descubrió América sino abrió paso a un “Nuevo Mundo” y a un mestizaje del cual podríamos estar orgullosos. La estatua, en su momento, fue instalada para recordar un momento histórico.

Todo esto viene a cuento debido a la prohibición de Donald Trump de la utilización de la lengua de Cervantes en las redes sociales de la Casa Blanca, pero como diría mi abuelita: “Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

La estatua se encuentra en el Museo Nacional del Virreinato en Tepoztlán, Estado de México. Se mandó poner ahí por órdenes de la entonces jefa de gobierno Claudia Sheinbaum.

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