La “madurez humana” están en crisis —digámoslo claramente— por la falta de hacer “filosofía” respecto a “quién es la persona humana”.
Hacer filosofía no es complicado como puede parecer. Hacer filosofía es reflexionar y analizar a fondo realidades humanas con criterios universales y objetivos tomados de las ciencias naturales, sociales y formales, y no a través de ideologías o intereses de grupo, ya que lo que hace la ideología es “establecer preferencias”, no principios.
En estos tiempos difíciles y de tanta confusión, es necesario que reflexionemos y analicemos, por ejemplo, quién es la “persona humana”; cuál es su identidad; cuáles son sus características que la diferencian de otras criaturas; qué significa que una “persona” sea “madura”.
Comencemos diciendo que la persona humana es “única e irrepetible”, y esta realidad, no es un invento, es un descubrimiento filosófico obtenido después de muchos siglos de reflexión y pensamiento lógico acerca del ser humano, iniciado por la antropología de Platón en el siglo IV antes de Cristo y fraguado por la antropología filosófica alemana a principios del siglo XX.
Hablamos pues, de un conocimiento sólido y un confiable aprendizaje.
Manifestación
Esa singularidad irrepetible de la “persona humana” se manifiesta externa y visiblemente a través de “su cuerpo”, que es diferente al de otras criaturas.
Y éste, a su vez, tiene características de naturaleza biológica que diferencían —de manera clara e inconfundible— el “ser mujer” del “ser varón”; esto nos lleva a una pregunta clave: ¿Cuál es la médula espinal de la identidad humana?
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. www.facebook.com/TutorSaludMental.
