La sinfonía número 41 en Do mayor de W.A. Mozart, comúnmente conocida como “Júpiter”, es una de las cumbres del repertorio sinfónico. En este breve artículo ahondaremos en la génesis, recepción e influencia de esta obra.

Mozart compuso sus últimas tres sinfonías durante el verano de 1788. Aun para un compositor conocido por su frenético ritmo de trabajo, las nueve semanas que le tomó a Mozart componer estas tres sinfonías, que a la postre serían sus más admiradas, hace suponer que se trató de un período creativo especialmente fructífero. Sin embargo, a nivel personal Mozart pasaba por situaciones complicadas, incluyendo la muerte de su hija Teresa Constanza, la enfermedad de su esposa, la caída en el apoyo público y privado a las artes y las constantes deudas, producto de una pésima administración financiera. Resulta tentador imaginar que Mozart, en respuesta a sus problemas personales, vertió sus emociones en estas tres obras, creando una suerte de diario musical. Sin embargo, la precisión clínica de la musicología actual nos sugiere que resultaría más atinado pensar que, al igual que la mayoría de los compositores de su época, Mozart componía con un evento en mente o por encargo, no por los caprichos de sus emociones. Si bien los musicólogos modernos aún no se ponen de acuerdo sobre para qué ocasión en específico Mozart escribió estas tres sinfonías, todo hace suponer que las compuso para una serie de conciertos en Londres o Viena, que probablemente nunca se materializaron.

Si bien es cierto que Mozart amplió las fronteras de la sinfonía y allanó el camino para que compositores como Beethoven y Brahms hicieran de este género uno de los más encumbrados de la música occidental, nada sugiere que estas innovaciones fueron premeditadas. La figura de Mozart dista a la de un genio incomprendido. Por el contrario, el oriundo de Salzburgo fue en vida uno de los músicos más respetados de su época y muchas de sus obras fueron éxitos populares y comerciales. Más aún, Mozart escribía con el público en mente y disfrutaba enormemente de la aprobación popular. Dicho esto, mucha de la música más perenne del catálogo mozartiano fue criticada por su complejidad excesiva. Intencional o no, el problema de la complejidad en Mozart no es evidente a simple vista, ya que Mozart se valía de los mismos géneros y recursos que cualquier otro compositor de finales del siglo XVIII. No es sino hasta que nos adentramos al interior de estas obras, aparentemente inofensivas, que vemos que Mozart se aventuraba a lugares donde sus contemporáneos no se atrevían.

La sinfonía “Júpiter” es un claro ejemplo de esta dicotomía. Por un lado, es una sinfonía que consta de los tradicionales cuatro movimientos y está escrita para una orquesta de tamaño estándar. Por otro lado, es una de las obras más expansivas y complejas de su época. Probablemente el mejor ejemplo de este caudal de técnica y creatividad es el final del último movimiento de la obra. En esta sección, Mozart superpone los cinco motivos desarrollados previamente en el movimiento, en un caleidoscopio contrapuntístico sin igual en el género sinfónico hasta ese momento.

Este tipo de orfebrería musical no se da por casualidad. El musicólogo estadounidense Jan Swafford sugiere que esta sección conclusiva fue compuesta primero, mientras que el resto del movimiento fue compuesto después. Si bien esto es enteramente posible, la pregunta sin respuesta es: ¿por qué un compositor que amaba la aprobación popular escribiría música tan demandante para público e intérpretes por igual? Personalmente, me resulta difícil aceptar que Mozart escribiera esta monumental sinfonía como un simple encargo o como un número más en un concierto. Una parte de mí quiere que la “Júpiter” sea uno de los tantos mensajes en la botella que Mozart dejó para los escuchas del futuro. Cualquiera que sea la respuesta, resulta irónico que el compositor que hoy consideramos como el modelo de balance, elegancia y circunspección otrora fuera tildado de críptico, abigarrado y complejo.

Si desea escuchar la Sinfonía “Júpiter” en la interpretación de las jóvenes promesas de la música de concierto en Yucatán lo invito este 20 de febrero a las 19:30 horas al Palacio de la Música, al concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de las Artes de Yucatán.

Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de las Artes de Yucatán.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán