¿QUÉ HACES DE EXTRAORDINARIO?
En la “lógica” de san Lucas, el amor es consecuencia de la aparición, con Jesús, del amor soberano de Dios que desenmascara el sistema religioso-moral puesto en práctica por los escribas y fariseos. Este amor soberano de Dios se presenta como gracia y, por lo tanto, como expresión de su amor.
Las consecuencias de la relación de Dios con cada uno se traducen en un comportamiento semejante con los demás. Pero no es un amor de reciprocidad, sino como tarea de buscar siempre el bien del otro, pues así es el amor manifestado por Jesús.
No es un amor filantrópico fruto de ser muy liberal.
Este mensaje va a ser inquietante y medicinal. Y no se debe olvidar que, si bien es un mensaje para este mundo, no es de este mundo: por eso no pueden dejarse llevar por la “lógica” de este mundo, so pena de ser ineficaces; se les va a perseguir, se les va a odiar, y, entonces, no deben olvidar que para el odio no hay otra respuesta eficaz y salvadora, que el amor. Sobre este fondo hay que entender la serie de máximas que siguen, a modo de ejemplo práctico y no de código; pues Jesús no ha venido a promulgar una ley sino a traer la salvación.
“Amen como Dios les ama”. Este amor se orienta hacia una de las fronteras más difíciles de superar, la de los enemigos. Esta es, en efecto, la actitud de Dios que, como se dice en el Salmo responsorial, “perdona todas las culpas y no nos trata según nuestros pecados” (Sal 102/103). En Dios la justicia queda vencida por el amor. Y, recuerda siempre que “con la medida con que midas, serás medido”.
