“Lo mejor que un padre puede dar a su hijo es una buena educación” —popular
La lucha eterna. Los hijos no quieren disciplina y el adulto quiere imponerla, basándose en esfuerzo, advertencias y regaños. Tengo un ejemplo que me ha llamado la atención. Dos chicos adolescentes me comentaron que la educación en la mesa ya está pasada de moda. ¡¿Cómo?!
Siempre, y a través de todos los tiempos, la educación y los modales se demuestran en la mesa. Así es y aunque ustedes no lo entiendan en este momento un día me darán la razón.
En amplia conversación con una mujer que tiene cuatro hijas, ella comentaba que lo que necesitan los chiquillos de ahora es tolerancia. Mi contestación fue que no es así, que lo que necesitan los niños y los jóvenes es disciplina y que sus padres —por miedo, desidia, ignorancia o por simple patrón de conducta— no les imponen desde que nacen.
La mujer me decía que ella percibe que no existe la tolerancia de ningún tipo y que cuando un niño quiere algo lo exige hasta conseguirlo, que no tienen respeto a los mayores y que se burlan de las normas de conducta. Una servidora le volvió a decir que todos esos patrones son por falta de disciplina.
Pero ¿qué es la disciplina? Podríamos cambiarla por la palabra severidad o rigor.
En la severidad hay menos vehemencia que en el rigor. La severidad está más en los principios y en las costumbres y el rigor en las formas y su ejecución.
Podríamos ejecutar una sentencia con severidad y ejecutarla con rigor. Según un espléndido diccionario que he consultado al respecto, el que profesa una moral severa puede ser indulgente con las acciones de sus semejantes pero el hombre riguroso no perdona la más leve falla. La severidad enseña. El rigor castiga y censura.
Entonces ¿qué? La conclusión a la que he llegado es que hay que educar con severidad pero con cierta tolerancia, pues en esta época si aplicas el rigor en la educación los hijos no lo podrán entender y se volverá un caos.
La que escribe estos renglones vuelve a lo mismo: hay que educar en la disciplina. Con amor y alegría.
