Gratos recuerdos, emociones y anécdotas en torno al papa Juan Pablo II son atesorados por la religiosa Nelly Alicia Puerto, de las Madres Trinitarias; Carlos Pandiello Vázquez, consejero de los Caballeros de Colón, y el presbítero Justo Ceballos Uc, rector de Nuestra Señora de la Consolación.
El hoy santo visitó Yucatán el 11 y 12 de agosto de 1993, un hecho que dejó una huella imborrable en miles de yucatecos.
Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a los 84 años, tras casi 27 años de pontificado, en los que realizó cinco visitas a México, la primera en 1979, poco después de ser elegido como sumo pontífice.
A propósito del 20o. aniversario de su fallecimiento, tres yucatecos compartieron sus experiencias con el Papa. La madre Nelly Alicia Puerto conoció a Juan Pablo II en su primera visita al país, en Ciudad de México, donde estuvo cerca de él en encuentros con religiosas.
Sin embargo, cuando el Papa llegó a Yucatán en 1993 ella no pudo asistir a las actividades, pero sí sus tres hermanas, Gloria, Ana María y Rosa Lidia (ya fallecidas), quienes presenciaron la misa en Xoclán.
“Se mojaron quién sabe cuánto”, recordó la religiosa con una sonrisa. Añadió que, aunque no estuvo presente, siguió con gran emoción la visita papal a través de la televisión.
En la primera visita del pontífice a México, la madre Nelly Puerto participó activamente en las actividades organizadas para recibirlo. “Corríamos por las calles y llevamos a las niñas y a las religiosas a pasar la noche para cantarle al Papa. Él salía a saludarnos”, relató.
En otra ocasión, cuando Juan Pablo II visitó México nuevamente, la religiosa estuvo en el Estadio Azteca desde la mañana hasta la noche, en un ambiente de cantos y alegría. “Por la tarde celebró la misa, fue un momento muy emotivo y hermoso”, manifestó.
Cada vez que estuvo cerca del Papa sintió una profunda emoción: “Su presencia transmitía una paz indescriptible”.
Servicio especial
Carlos Pandiello Vázquez, consejero de los Caballeros de Colón, recordó que durante la visita papal de 1993 se les pidió apoyar en la llegada y el traslado de los obispos desde el aeropuerto.
A él le asignaron transportar al arzobispo de Tamaulipas, Carlos Quintero Arce. Curiosamente, en ese momento su hijo Jorge Carlos, quien aún no cumplía un año, dio sus primeros pasos en la terminal aérea. “Hoy mi hijo tiene 32 años”, expresó con nostalgia.
Pandiello también tuvo la oportunidad de saludar al Papa en el Seminario Conciliar, entre la multitud. Posteriormente, asistió a la misa en Xoclán, donde los Caballeros de Colón tuvieron un lugar especial.
“Estar cerca del Papa fue una experiencia indescriptible, una felicidad inmensa”, aseguró. “A veces uno olvida esos momentos, pero esas bendiciones nos siguen acompañando en la vida”.
Reto logístico
El presbítero Justo Ceballos Uc recordó que, aunque no estuvo cerca del Papa durante su visita a Yucatán, desempeñó un papel clave en la organización del evento.
“Mi tarea fue coordinar el transporte de los sacerdotes desde la Casa de la Cristiandad hasta Xoclán”, relató. Sin embargo, al llegar a la avenida entre la actual iglesia de Juan Pablo II y el cementerio, encontraron vallas que impedían el paso.
Un soldado les informó que debían rodear toda la zona para ingresar por el acceso principal, pero el camino estaba lleno de lodo y los sacerdotes vestían sus albas blancas. Ante la situación, el padre Ceballos habló con un superior militar, al que explicó que se trataban de cerca de mil sacerdotes listos para la misa. Finalmente, les permitieron ingresar por un acceso posterior.
“Cuando terminé de organizar todo, me pregunté: ‘¿Y ahora dónde voy?’”, recordó con humor. Se colocó al final de la fila y vivió la misa con una gran paz y alegría.
También rememoró que en la primera visita del Papa a México lo vio desde detrás de una valla en la Basílica de Guadalupe. Un compañero se subió sobre sus hombros para tomar una foto y en ese momento el pontífice les saludó.
“Yo me llené de paz”, concluyó el sacerdote.— Claudia Sierra Medina
