Mucho antes de convertirse en uno de los destinos turísticos más codiciados del Caribe, la isla de Cozumel fue un refugio. Entre 1848 y 1902, en medio del caos y la violencia de la Guerra de Castas cientos de yucatecos encontraron en ella un hogar.
Esta historia de repoblamiento, migración y reconstrucción fue el eje de la conferencia ofrecida anteayer por el historiador Fernando Peraza Tun en el Centro Cultural Prohispen, ubicado en la colonia México.
“Entendemos la historia de Yucatán desde el Estado, pero olvidamos que su control también se extendía a las islas”, explicó Peraza Tun, egresado de la Facultad de Ciencias Antropológicas.
A raíz de la guerra, los primeros refugiados llegaron a la costa de Cozumel en embarcaciones improvisadas. Fue así como nació el pueblo de San Miguel en 1849, lo que marcó el inicio de una administración local que se enfrentaría a múltiples retos debido al aislamiento geográfico de la isla.
Peraza subrayó que Cozumel siempre ha sido un cruce de caminos: “La migración no es algo actual, es parte de su historia. La isla fue formada por personas de Valladolid, Chemax y muchas otras regiones”.
Con el paso del tiempo, el comercio con otros puertos —incluso de Estados Unidos— convirtió a la isla en un punto clave para el intercambio de productos, como frutas y víveres.
Todo este desarrollo se vio trastocado en 1902, cuando la creación del Territorio de Quintana Roo redefinió los límites políticos del sureste mexicano y separó a Cozumel del control yucateco.
La historia de Cozumel, entonces, no solo es de playas y arrecifes: también es una historia de desplazamiento, identidad y resiliencia. Y hoy, más que nunca, vale la pena contarla.
