Con la proyección de escenas icónicas del cine e imágenes de piezas mayas, el artista visual Jesús Arturo Guevara Bolio y el arqueólogo Eduardo Puga Salazar charlaron sobre la expresividad de las manos en la cinematografía mundial y en el arte maya.
El conversatorio, titulado “Las manos que expresan: Glifos mayas y lenguaje cinematográfico”, se realizó anteanoche en la Cineteca “Manuel Barbachano Ponce” del Teatro Armando Manzanero, como parte de la Muestra de Proyectos del Pecda 2024.
Desde el inicio, Guevara Bolio resaltó que las manos no solo actúan, sino que también cuentan historias, y cómo esta parte del cuerpo ha sido clave en la construcción de personajes y escenas memorables del séptimo arte.
Con ejemplos de películas como “La soga”, “¿Quieres ser John Malkovich?”, “Seven”, “Biutiful”, “Pulp Fiction” y “Bastardos sin gloria”, Guevara Bolio demostró que las manos no solo acompañan la acción, sino que muchas veces son centro emocional de una escena.
“El gesto intencionado puede tener una fuerza narrativa enorme. Una mano herida puede presagiar el destino trágico de un personaje”, dijo, al referirse a Philip, uno de los protagonistas de “La soga” (de Alfred Hitchcok) y quien, tras cometer un asesinato, muestra señales de culpa a través del dolor físico de la mano.
Por su parte, Eduardo Puga llevó al público hacia un pasado milenario, donde la mano también fue vehículo de poder, creación y castigo. A través de ejemplos del arte maya, como los murales de Bonampak y un hueso esgrafiado hallado en la tumba 116 del Templo I de Tikal, el arqueólogo explicó cómo los mayas dotaron a las manos de un profundo simbolismo.
“En el mural del cuarto de la batalla en Bonampak, los personajes derrotados muestran las manos sangrantes a quienes les han arrancado las uñas. Es una forma de humillación, pero también de neutralización: destruir las manos del escriba era como destruir el poder de su rey”, señaló.
Añadió que ciertos glifos representan ideas complejas a través de gestos manuales: desde una mano esparciendo incienso como símbolo de invocación, hasta otra que sostiene una madeja de hilo como alusión a la creación y el vínculo materno. “La mano no solo actúa, sino que también trae al mundo lo intangible, como los textos, los dioses o los hijos”.
Puga Salazar presentó imágenes de los dinteles del Templo 23 de Yaxchilán, Chiapas; el plato de la piscina del dios Chaak; el dintel de La Pasadita, en Guatemala; el vaso del colibrí, hallado en Tikal, y el portaincensario “El escribano de Mayapán”, entre otras piezas.
La charla halló un punto de encuentro entre dos mundos aparentemente lejanos: el arte ancestral de los pueblos mayas y el lenguaje del cine moderno. Pero, como bien señaló Guevara, el cine también se sirve de las manos como una poderosa herramienta estética: “En ‘Seven’, las manos del asesino son lo primero que vemos. No sabemos quién es, pero ya sentimos su presencia”.
El conversatorio cerró con un diálogo entre los ponentes y el público, que valoró la manera en que ambos lograron tejer puentes entre imágenes milenarias y escenas del cine actual.— IVÁN CANUL EK
