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Los investigadores aseguran que, aunque es muy pronto para hacer un diagnóstico categórico, la pandemia no influiría en la tasa de autismo

En tiempos de angustia somos muy propensos a aceptar tonterías”, dijo Édgar Quiroga, quien ayer, en el programa “Autismo sin barreras”, organizado por el Centro A.Y.U.D.A., compartió su testimonio como papá de un niño con el trastorno.

Édgar, originario de Monterrey, llamó su charla “Un día a la vez. Importancia de aceptar, asimilar y abrazar el diagnóstico”, y es que, señaló, siempre es difícil entender y asimilar la noticia, al grado que no falta quien acude por una segunda, tercera o cuarta opinión.

El ponente, que se tituló como mercadólogo y actualmente estudia la Maestría en Psicología de la Salud con el afán de ayudar a las personas con autismo, señaló que la primera sospecha de que su hijo presentaba Trastorno del Espectro Autista (TEA) fue cuando era un bebé, pero no tenía la certeza.

“En un documento que leí aprendí que el primer vínculo que tiene un hijo con su madre es la vista, es la primera forma de comunicación primaria que tiene un bebé con su mamá (…) Yo volteaba a ver a mi hijo y chin.., veía que él no volteaba, y pensaba: si no me voltea a ver, cómo va a aprender”, explicó.

Recordó que en Mexicali tenía un amigo a cuyo hijo le habían diagnosticado autismo y nada más aceptaba comer nuggets. “Empecé a ver ciertas reacciones de mi hijo ya con un cierto patrón de conducta después de los dos años. Obviamente, no tenía el conocimiento técnico; me pareció complicado diagnosticar a alguien antes de los dos años, pero era una percepción mía…”.

Añadió que cuando su hijo empezó a ir a la escuela una maestra le confirmó que presentaba autismo. “Voy, dejo al niño y la maestra me dice: ‘Ah, por cierto, su hijo tiene autismo’”, indicó.

A partir de entonces, él y su esposa llevaron al niño a que le hicieran estudios. Su hijo presentó 36 conductas asociadas al TEA, entre ellas poca interacción con otras personas, interacción repetitiva con objetos, juego con sombras, falta de atención cuando se le hablaba y hábito de meterse cosas a la boca.

Compartió que en una ocasión quiso inscribir a su hijo en una escuela y todo iba bien hasta que informó al director que el niño tenía autismo; le dijeron entonces que no lo podían aceptar en la institución académica porque era de alto rendimiento.

Eso fue lo que lo motivó a estudiar la maestría y a luchar para que se deje de etiquetar a los niños, jóvenes y adultos con autismo.

En otra parte de su presentación, Édgar Quiroga admitió que se vale llorar y “rumiar” al recibir el diagnóstico, pues como padre se hacen muchos planes para el hijo y probablemente al final no se van a realizar.

Añadió que se vale ir por una segunda opinión, pero pidió no saturarse de información y es que, a pesar de que en la actualidad se dispone de más medios de comunicación, también la desinformación es mayor.

Jorge Iván Canul Ek es licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación y actualmente reportero de la Agencia Informativa Megamedia. Tiene 22 años de trayectoria en los medios, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2004. Los temas de arte y cultura, comunidades, ciudadanos y espectáculos son su especialidad. Con especial gusto por la crónica para el desarrollo de sus historias.