En la novela “Voces y gruñidos”, el cerdo no es solo un animal. Es un símbolo, metáfora, carne, memoria, deseo y política.

Así lo explicó Mar Gómez, durante la presentación de su libro ante estudiantes de veterinaria de la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias y habló de todo lo que descubrió y escribió en torno a este animal.

Acompañada por la escritora María Elena González, la autora compartió los procesos que la llevaron a escribir esta obra en la que, desde la perspectiva de una joven estudiante universitaria, se entrelazan diversas emociones con el animal que más se consume en Yucatán: el cerdo.

La novela explora el amor que la protagonista siente por los cerdos (porcofilia), que recalca no debe confundirse con la zoofilia. Esa conexión ha sido parte de su vida desde la infancia.

La idea se originó durante un viaje de la autora para presentar un libro en Cuba, donde al quedarse en una casa ubicada junto a un chiquero, el sonido de los cerdos la llevó a recordar su infancia, en la cual vivió de cerca la matanza de cerdos, entrelazando esta experiencia con la escritura.

A través de la teriantropía (creencia de que una persona puede transformarse en un animal, o la creencia de ser en parte un animal) es como Mar Gómez explora temas sociales complejos como la utilización de términos como “cerdo”, “marrano” y “cochino” dentro de la cultura humana y cómo estos se relacionan con el cuerpo y la alimentación.

La novela, dividida en cinco capítulos, transita entre lo serio y lo recreativo. La autora explica que en Cuba y Yucatán el cerdo es muy importante. En Cuba, incluso se usaba para hacer campaña política, para comprar votos.

Desde los primeros capítulos, la protagonista se encuentra con la figura del cerdo como algo que rebasa lo gastronómico. “Yo hablo ahí como habla el cerdo y como habla el humano”.

Pero también porque el cerdo negro de traspatio —muy característico de la región— está empezando a ser reivindicado como un símbolo de resistencia frente al cerdo blanco de las megagranjas.

La historia también toca temas de migración, memoria y deseo. Hay pasajes situados en Cuba, en España, en fábricas de Dinamarca y en pueblos de Yucatán. En uno de los capítulos, la protagonista reflexiona sobre la especie desde una perspectiva más íntima y erótica. Para cerrar, Gómez Pérez mencionó a una cerda llamada Patricia que proviene del libro “Desearía ser jamón”, que expresa deseos de ser sacrificada sin dolor, planteando así preguntas sobre la existencia y el valor de la vida animal. Por último, hace hincapié en cómo la literatura puede transformar nuestra percepción del mundo, al igual que las experiencias que vivimos.

El proyecto del libro tiene apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (Pecda)— Karla Acosta Castilla

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