Hoy viernes es un día muy especial para la grey católica, un momento para reflexionar y tener los pensamientos en paz, con el fin de celebrar este día tan importante.

Hoy les voy a hablar de este momento significativo que el mundo está viviendo y aprovecho esta pausa que se nos presenta a todos para tomar un descanso.

Me preguntaba cuál habría sido el vino que Nuestro Señor Jesucristo bebió en la Última Cena. Hablando con varios sacerdotes, muchos historiadores y algunos expertos en materia de vinos, todos coinciden en que la uva syrah era la que más abundaba en esa zona, debido al tipo de clima que predomina por aquellos lugares (zona semiárida, desértica, con demasiado calor).

En la región de Palestina eran amantes del vino tinto y algunas partes de la Biblia se refieren al vino de color rojo o tinto. Antiguamente se plantaban viñedos en unas terrazas en las laderas de las montañas. En aquellos tiempos existía la práctica de guardar las uvas en un cuarto después de la cosecha, donde se les aplicaba humo de ciertas hojas y ramas para que adquirieran un sabor ligeramente ahumado.

Luego se procedía a fermentar la uva, pisando los granos y exponiéndolos al Sol. Después se solía agregar a la uva fermentada algo de miel, especias o hierbas aromáticas para mejorar el sabor. Además, se almacenaba en odres de barro o pieles de cabra. Solo los vinos más puros se añejaban en tinajas durante algún tiempo para refinarlos y hacerlos aptos para el consumo.

Ese tipo de vino era el que normalmente se utilizaba en las celebraciones religiosas. Si recordamos que en la Última Cena se celebró la Pascua, debió utilizarse este tipo de vino de buena calidad.

Para saber el tipo de uva tuve que investigar algunas cepas o variedades ancestrales presentes en aquella época. Aunque no es fácil establecerlo, ya que aún no existía un compendio o manual sobre los tipos de uva, se sabe que la syrah dominaba toda la antigua Persia (hoy, la zona de Iraq).

Podría decir, a mi humilde entender, que el vino que bebió Jesús con los apóstoles era uno con cierta textura, con un poco de añejamiento, sin agregado de miel o hierbas, con una graduación alcohólica elevada —calculo entre 15 y 17 grados—, un vino algo denso.

No podría afirmar con certeza qué aromas tenía, ya que no podría compararlo con ningún vino de nuestra era. Tampoco podría decirles a qué sabría ese vino, pero por las características de guarda de aquella época, las condiciones de higiene y el calor reinante… reto a alguien a que se le ocurra beber ese tipo de vino, creo que no sería del agrado de nadie. La fermentación y la graduación alcohólica tan alta no permitirían beberlo con facilidad.

Volviendo a nuestros días: ¿qué tal una buena copa de syrah, con caracteres especiados? Ideal para un buen comienzo, una buena comida, algo de pescado empapelado al tikin xic o platillos con ligeras condimentaciones. Sería el ideal para esta Semana Santa.

Que tengas unas buenas vacaciones, y recuerda: si bebes, no manejes. Hay muchas maneras de regresar a casa sano y salvo.

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