La misa por el centenario de las Oblatas de Jesús Sacerdote en el Seminario Mayor, en febrero de 2024
La misa por el centenario de las Oblatas de Jesús Sacerdote en el Seminario Mayor, en febrero de 2024

Siempre, donde están los consagrados hay alegría —Papa Francisco

Soy la hermana Gloria Hernández Oropeza, Oblata de Jesús Sacerdote, originaria de Irapuato, Guanajuato.

Agradecida con esta invitación, comienzo diciendo que la pregunta que me hicieron: “¿Cómo he visto que mi vocación impacta en los seminaristas?”, resonó en mi interior cuando la leí y reflexioné. Lo que vino a mi mente y corazón como primera respuesta fue la manera en que vivo mi vocación con ellos, y creo que me distinguen la alegría y el entusiasmo que expreso en el trato al recibirlos con amabilidad, con una sonrisa cada día, cuando pasan a la cocina por sus alimentos o coincidimos en actividades comunitarias, hechos cotidianos que me permiten conocerlos, acompañarlos, estar presente en sus vidas y conectar con cada uno, siendo cercana y, sobre todo, orando cada día por su perseverancia; creo que eso es lo que hace que mi vida tenga un impacto en su caminar, siendo un signo motivacional para que vivan con alegría su vocación.

Como Oblatas de Jesús Sacerdote tenemos como característica ofrecer, desde muy temprano, todo nuestro ser y hacer, tanto por la vida como la vocación de cada uno de los sacerdotes y seminaristas, primero con la oración y, después, con todas nuestras labores, lo cual me ayuda y permite ser una lucecita en su respuesta al llamado de Dios.

Los frutos que rescato de lo que ellos han dejado en mi vida son la gratitud, su valentía y el deseo de búsqueda cuando, en medio de lo que la sociedad brinda a los jóvenes de hoy, desean dejarlo todo por una persona que los invita a vivir un proyecto que genera contradicción al mundo, y, sobre todo, su cariño, el cual surge gracias a los vínculos fraternos, en el trato amable del día a día.

Cada seminarista, para mí, es un testimonio que me motiva a seguir entregando todo como religiosa, amando a Jesús Sacerdote en cada uno de ellos.

Agradezco a Dios por la gracia de vivir y hacer vida este carisma sacerdotal de Amar el Sacerdocio de Cristo y hacerlo amar, como religiosa y miembro de esta congregación, en el Seminario de Yucatán, donde Dios nos ha llamado a servir. Gracias por esta invitación que, amablemente, me hicieron llegar; que Dios les bendiga, mi gratitud y oración por ustedes.

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros y por nuestro Seminario.

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