Con espíritu de innovación y honrando la tradición, estudiantes de la licenciatura en Diseño de Moda de la Universidad Modelo crearon una colección que no solo viste, sino que cuenta historias. Fruto de un intenso proceso de aprendizaje, documentación y creación, los jóvenes diseñadores invitan al público a presenciar el resultado de este trabajo el próximo 12 de junio, a las 19 horas, en el Centro Cultural Olimpo de Mérida: “Legado y raíz, nuestra identidad cultural”, exposición con inspiración artesanal.

Esta presentación es la culminación de un proyecto colaborativo entre la Universidad Modelo y la Universidad Iberoamericana, a través del cual los estudiantes realizaron un recorrido vivencial por comunidades artesanales de Yucatán, como Maní, Teabo, Ticul y Kimbilá. Ahí no solo observaron, sino que convivieron y aprendieron de los artesanos sobre técnicas tradicionales como el bordado a máquina, punto de cruz, urdido de hamaca, trabajo con henequén y filigrana.

Inspiración

“Se hizo un vínculo, un intercambio con la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Junto con sus alumnos recorrimos comunidades para poder aprender, reconocer e inspirarnos en esas técnicas que nos representan”, explica Anuar Pat Herrera, coordinador del proyecto.

“La idea era tener un bagaje real que se viera reflejado en las piezas. Al final, lo que buscamos fue comunicar esa experiencia a través del diseño”, agregó.

A partir de este proceso, los alumnos desarrollaron propuestas de moda que reinterpretan estas técnicas sin perder su esencia. Ocho fueron seleccionados para representar este esfuerzo creativo: Carolina Campos Carballo, Karime Eugenia Canul Perera, Joary Rosario Dzib Poot, José Armando Góngora Villanueva, Itzel González Constantino, Jimena Montserrat González Santos, Andrea Isabel Nail Escamilla y Robin Fernanda Vela, bajo la guía de los docentes Gema Coral Santos y Ernesto Martínez González, Anuar Pat, coordinador de la licenciatura de Diseño de Moda.

El pasado 16 de mayo, las piezas fueron presentadas en una pasarela en Ciudad de México. Ahora, Mérida podrá apreciar este trabajo, además de otras creaciones del resto del grupo y de representantes de la Ibero.

“Fue muy bonito. Es impresionante ver cómo una idea en papel se transforma en una pieza real. Implementamos técnicas de manipulación textil y teñidos naturales, como el achiote. Cada diseño tiene textura, historia y color”, aseguró Armando Góngora.

“Para mí, igual, el proceso fue algo totalmente diferente a lo que ya había. En este proyecto implementamos técnicas de manipulación textil, la mayoría, y pues, aprenderlas desde cero e implementarlas fue un poco retador, para que encajaran con lo que teníamos en nuestra visión”, concuerda Robin con su compañero.

Carolina Campos destacó el valor del proceso personal. “Más allá del diseño, fue un descubrimiento interior. Conocimos cómo piensan los artesanos y eso me inspiró a crear algo que me hace sentir orgullosa, algo que pudiera representar esa conexión con nuestras raíces”.

Para Jimena González, su pieza tiene un tono íntimo y familiar. “Me inspiré en una leyenda de Izamal, que me recuerda mi infancia. Mi abuela me ayudó con los teñidos naturales. Es una pieza hecha en comunidad, con mi familia y amigos”.

Por su parte, Itzel González aseguró que esta experiencia fue emocionante, pero a la vez fue cansada. “Tuvimos que sacrificar muchas cosas, resolver esas cosas que no sabíamos que se nos iban a presentar, hasta que llegamos a un resultado satisfactorio”.

Desde la complejidad del teñido natural hasta la elaboración de patrones poco convencionales, cada diseño fue un reto. “Trabajé con lino, una fibra nueva para mí. Desde el maniquí hasta los pigmentos, fue un reto técnico y emocional. Ver tu pieza en pasarela es algo que no se olvida”, dijo Andrea Nail.

Karime Canul compartió cómo este proceso la conectó con su identidad. “Fue una experiencia introspectiva. Mi pieza no tiene género; trabajé con teñidos naturales y técnicas de manipulación textil. Me inspiré en lo contemporáneo y lo tradicional al mismo tiempo. Es una mezcla caótica que refleja lo que soy”.

Para Joary Dzib, la experiencia fue completamente nueva y enriquecedora desde el inicio.
“El proceso me llevó a explorar diversas comunidades y técnicas artesanales que requieren un trabajo minucioso y manual”. Inspirarse en estas expresiones culturales implicó también esfuerzo físico y dedicación, pero, asegura, es una vivencia que se lleva consigo con mucho aprendizaje.

Un reto

Los maestros coincidieron en que este ejercicio representó un reto integral para los estudiantes, quienes por primera vez trabajaron con patronaje modular y materiales poco convencionales, pesados o de gran volumen, que exigieron soluciones creativas en tiempo récord. El profesor Ernesto destaca el valor del proceso formativo, que incluyó investigación, conceptualización, diseño y confección, así como la reflexión sobre el uso responsable de elementos culturales, distinguiendo entre apreciación y apropiación.

Otro de los retos clave fue la comprensión del valor simbólico de los elementos culturales utilizados. Los estudiantes debieron reflexionar sobre la diferencia entre apreciación y apropiación cultural, especialmente al trabajar con símbolos artesanales propios de comunidades del estado.

“Fue fundamental que entendieran cómo retomar esas referencias sin caer en una apropiación, y lograr que su diseño representara de manera auténtica tanto a la comunidad como a ellos mismos”, señaló la maestra Gema.

“Se enfrentaron a técnicas que no habían explorado, como la experimentación textil, y lo resolvieron con compromiso y creatividad”, expresaron, y añadieron que, a pesar del corto tiempo —apenas tres semanas de confección—, cada alumno logró materializar su idea en una prenda propia. La propuesta de una paleta común de textiles y colores aportó unidad a la colección, sin restar individualidad. “Nos llena de orgullo ver cómo, con esfuerzo y sensibilidad, lograron representar tanto a las comunidades como a ellos mismos”, concluyeron.

De acuerdo con los diseñadores, esta exposición pretende ser un espacio donde convergen la tradición, la conciencia ambiental y la moda. Una muestra clara de que los oficios del pasado pueden dialogar con el diseño del presente para imaginar un futuro más justo y creativo.

La invitación es este 12 de junio, en el Centro Cultural Olimpo para dar un vistazo a la moda inspirada en el corazón de Yucatán que honra a los artesanos y propone nuevas formas de vestir la identidad.— Darinka Ruiz Morimoto