Parejas divorciadas vueltas a casar, así como aquellas que viven en unión libre, fueron acogidas por la Iglesia Católica y la misericordia de Dios durante una misa especial celebrada en la Catedral, en el marco del Año Jubilar de la Esperanza.
Aunque estas personas no pueden obtener la indulgencia plenaria que la Iglesia ofrece con motivo de este Año Santo —ya que para ello es necesario confesarse y comulgar, actos a los que no pueden acceder por no vivir en una unión sacramental—, la Arquidiócesis de Yucatán abrió las puertas del principal templo católico del Estado para recibirlas y manifestarles que siguen siendo parte de la Iglesia.
A pesar de que no están unidas por el sacramento del matrimonio, la celebración buscó expresarles el amor y la acogida que la Iglesia desea brindarles.
A la ceremonia también se unieron fieles del Decanato 4, quienes llegaron en peregrinación como parte de las actividades jubilares.
La misa se llevó al cabo la tarde de ayer y fue presidida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega. Concelebraron con él el presbítero Jorge Carlos Menéndez Moguel —quien propuso la realización de esta misa— y otros sacerdotes de la diócesis.
El recinto lució completamente lleno, con todas las bancas ocupadas e incluso sillas adicionales colocadas al fondo, debido a la alta concurrencia.
Los fieles del Decanato 4 acudieron desde todas las parroquias que lo conforman, entre ellos niños, jóvenes y adultos. Las parejas en situación irregular llegaron en familia o de manera individual.
Monseñor Rodríguez Vega recibió personalmente a los peregrinos en la puerta de la Catedral, conocida como “Puerta del Perdón”, y les dio la bienvenida con una oración. A su paso, los roció con agua bendita.
Durante la homilía, el Arzobispo felicitó a los sacerdotes por la convocatoria y a los asistentes por haber respondido al llamado: “Ustedes han hecho una buena campaña invitándolos, y ustedes han respondido viniendo como decanato y como grupo de divorciados vueltos a casar a esta Santa Iglesia Catedral, haciendo su visita y peregrinación jubilar”.
Señaló que la celebración se inscribe en el contexto del jubileo de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, por lo que se ha convocado a todos los fieles a visitar las catedrales y otros templos señalados por cada obispo diocesano.
“La obra de la evangelización continúa siempre bajo la guía del Espíritu Santo”, afirmó.
El guía es Dios
Al comentar las lecturas del día, destacó cómo San Pablo era guiado por el Espíritu en sus misiones, incluso mediante sueños. “La obra no es de Pablo, ni de Pedro, ni de Esteban, ni de Felipe, ni mía, ni de los hermanos sacerdotes: es obra de Dios, y es Él quien nos va conduciendo”.
Recordó que Dios actúa en la historia de la Iglesia, incluso en la elección del Papa, y puso como ejemplo al recién elegido papa León. “No se trata de apuestas o pronósticos humanos; se trata del designio divino”.
También mencionó cómo San Pablo, al elegir a un joven como su colaborador cercano, decidió circuncidarlo para evitar escándalos y fomentar la unidad: “El obispo es responsable de la unidad y de unir a todos en el corazón de Cristo”.
Señaló que desde el inicio de su pontificado, el papa León ha insistido en la importancia de la unidad y la paz. “No puede haber paz sin unidad. Trabajemos por ambas, guiados por el Espíritu, aunque naveguemos en aguas adversas”.
El Arzobispo advirtió que la Iglesia sigue siendo perseguida en muchos lugares, y que aunque en esta región no haya violencia física, los fieles muchas veces enfrentan críticas, incluso dentro de sus propias familias, por acercarse a las cosas de Dios. “Jesús dijo: ‘Si a mí me han odiado, también a ustedes los odiarán’. No debemos desanimarnos; aunque haya muchos alejados de Dios, nuestro esfuerzo debe continuar”.
Exhortó a los fieles a orar por quienes están lejos de la Iglesia, recordando que todos son hijos de Dios. Los animó a seguir adelante a pesar del rechazo y las incomprensiones, porque “lo que importa es estar en paz con Dios y dejarnos conducir por Él como su pueblo”.
Citando el salmo proclamado en la misa, concluyó: “‘Nosotros somos tu pueblo, tú eres nuestro Dios, aleluya’”.
Además del padre Menéndez Moguel, concelebraron los sacerdotes Eudaldio Cervantes, Alfonso Rebolledo, Arturo Rodríguez, Antonio Tamayo y Jonás Anye, y el diácono Alberto Buenfil.— Iris Ceballos Alvarado





