En la cubanidad hay algo más que un metro de tierra mojado por el primer lloro de un recién nacido, algo más que unas pulgadas de papel blanco marcadas con sellos y garabatos simbólicos de una autoridad que reconoce una vinculación oficial, verdadera o supositiva —Fernando Ortiz
En la galería Arte/1010 se inauguró el pasado 8 de mayo una muestra del trabajo del artista Eduardo Expósito con motivo de sus cuarenta años de carrera artística.
Nacido en Cuba y residente en Yucatán desde hace varios años, Expósito es un creador autodidacta cuyo talento ha trascendido fronteras llegando a diversos países con su obra. Además de lo expuesto, que en este caso es pintura, su trabajo abarca otras disciplinas como: grabado, fotografía, escultura, etcétera.
Si bien su obra se trata de piezas figurativas, estas están en contraposición de un enfoque clásico del arte, ya que busca lo fantástico e irreal como medio de expresión; pinta en sus obras como signo estético personal la nostalgia de una isla despojada de la visión academicista o realista, para compartirnos un espíritu esencial y originario de una sociedad criolla.
El núcleo que constituye la presente exposición en su mayoría se trata de piezas pintadas en soportes no convencionales recortados a manera de siluetas de cabezas que, sin narrar una anécdota específica, se trata de rostros con una expresión en la que recurre a la ley de la frontalidad, esto es, una vista directa y de frente al personaje, exagerando algunos de sus rasgos para extremar la apariencia de los personajes, asociando los rostros con lo interno de las personas, develando angustia, ahogo, agonía, tristeza, frustración o todas las anteriores, atrapando así el interés del espectador en un diálogo abierto y franco.
Es importante mencionar que la cabeza juntamente con el corazón se considera el lugar donde reside la fuerza vital, el alma y su energía. En este sentido podemos decir que su obra posee una visualidad fija que te sumerge en un universo de reales ensoñaciones o pensamientos de los personajes por la iconografía o elementos superpuestos al rostro.
Podemos decir que sus obras permiten una reflexión sobre el discurso auténtico de una identidad, el Caribe, mismo que es completado por elementos sígnicos o simbólicos como objetos cotidianos y mediante combinaciones de colores y de texturas, leyendas narradas y reflejadas en mitos pictóricos que nos vinculan o nos llevan a ese punto geográfico, para asomarnos al sincretismo de la isla.
Si bien tanto la representación humana como de elementos inanimados, así como de seres zoomorfos reconocibles le otorgan una identificación o vinculación con lo real, la disposición con que las mismas son deconstruidas y representadas conforman nuevas metáforas.
Sus rostros de figuras alargadas, recortados y pintados mediante trazos fuertes, exaltan la mirada como sentido principal, y con la necesidad de ver y también ser observado, lo cual acentúa en ocasiones con la repetición de pares de ojos en un solo rostro, a manera de “wieder” (adverbio en alemán que puede traducirse como “otra vez”, utilizado para expresar la repetición de una acción o situación). Por otro lado, las miradas son esenciales en su pintura, ya que el protagonismo de los retratados que observan directamente al espectador permite el ejercicio polisémico visual (término que proviene del griego poli, muchos, y sema, significado). Además, el soporte junto a su imprimación, en el acto de recibir la pintura, ha de colaborar, facilitar y potenciar la labor plástico-pictórica personal del artista, ya que emplea en ocasiones soportes no convencionales a manera de siluetas. Utiliza el color en sus pinturas como parte indispensable de lo cubano, no obstante que la luz es una de las cosas que caracteriza la “cubanidad”, y en otras prefiere transmitir la idea a través del blanco y el negro, otorgándole fuerza a la imagen, resaltando el dibujo, con sentido propio y creativo, y asumiendo al mismo tiempo una postura crítica en sus temas, para continuar definiendo así los rasgos de su identidad cubana.
Crítico.
