La faceta psicológica de la identidad básicamente responde a la pregunta ¿Quién pienso y siento que soy?
Las respuestas a esta pregunta son elementos necesarios para el equilibrio y bienestar de la persona.
El primer elemento que nos identifica y distingue de entre otros, se va integrando con lo que vamos respondiendo a preguntas tales como: ¿Qué pienso de mí mismo? ¿Me considero suficientemente bueno y capaz para lograr mis propósitos? ¿Confío en mi capacidad de toma de decisiones, de buen desempeño y de logro?
Mis respuestas
De la misma calidad y naturaleza de mis respuestas a estas preguntas, será la calidad de mi autoconcepto, mi autoimagen y, por tanto, de la autoestima que se vaya formando en mí; y el equilibrio de mi identidad psicológica, está en relación directa con el “grado de estima que tenga por mí mismo”.
Otros elementos que nos identifican y distinguen, son el concepto, el aprecio y el respeto que tenemos a la vida, que se alinean y expresan de acuerdo a los valores y convicciones que consideramos como verdaderos. Valorar, apreciar y respetar la vida como un don recibido y no como algo autoinducido es signo de salud mental e identidad psicológica saludable.
Terminemos con algunas frases comunes y distingue una identidad saludable de una enferma:
“Me gusta mi familia”; “soy la oveja negra”; “la vida de pareja no es para mí”; “he tomado decisiones difíciles”; “mis hijos son todo para mí”; “si no te gusta, me lo quito”; y la lista es interminable…
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