Te voy a hablar de un “amigo imaginario” que camina con la Biblia bajo el brazo y la cita de memoria. Sin embargo, cuando vende, lo hace hablando mal de otros para captar atención: “Mira lo mal que lo hacen ellos, por eso elige lo mío”. Contraste curioso: anda con un libro de amor y servicio… pero usa en su trabajo estrategias para sembrar rivalidad.

Ese ejemplo (hipotético, pero frecuente) me llevó a una pregunta: ¿Por qué no aplicamos la misma coherencia espiritual en todos los ámbitos de nuestra vida—incluidos los negocios?

Baja frecuencia = estancamiento.

Quien opera desde la comparación vive en baja frecuencia. No avanza, no decide, drena energía propia y ajena. Necesita absorber tu atención para sentirse válido. Pero hablar mal de la competencia es hablar mal del mercado —lo dice siempre mi socio Daniel Prez, y se ha vuelto un mantra en nuestra empresa.

Cuando tú creces, empujas a la competencia a mejorar y el mercado se eleva. Eso sí es abundancia en acción.

Elevar la frecuencia tiene que ser una práctica diaria. Citaré algunos puntos :

1.  Coherencia interna: Usa tus valores—Biblia, yoga, ciencia, lo que elijas—en cada proceso. Predicar está bien; vivirlo, mejor.
2.  Decisión y responsabilidad: La abundancia fluye cuando decides. Quedarte en la crítica es quedarte quieto.
3.  No comparar, no chismear: Hablar de otros habla de ti. Cada meme, cada cadena de WhatsApp reenviada sin verificar, mueve energía… y la tuya baja primero.
4.  Crear lugares seguros: Gente de alta frecuencia hace que los demás se sientan en paz. No absorbe, inspira.

Y esto me hizo hacerme las siguientes preguntas :

•   Cuando señalas al otro, ¿qué intentas demostrar?
•   ¿Tu energía depende de lo que criticas o de lo que creas?
•   ¿Te animas a vender sin restar?

Observar tu lenguaje es el primer filtro: si lo que dices no eleva, limita. Hablar de abundancia mientras esparces carencia es tirar agua en un balde con agujeros.

Mi compromiso: Yo fui ese devoto que citaba la Biblia y, al salir, medía al prójimo. Hoy intento llevarla en el corazón, no solo en la boca. A veces fallo, pero vuelvo a intentar.

“Al final, la frecuencia con la que vibras es la invitación que le haces a la vida a devolverte en la misma sintonía.”

Mi nombre es Alejandro Granja Peniche. Comparto mi proceso para recordarme y, quizá, inspirarte.
Cuéntame en redes: ¿qué frecuencia eliges hoy?
Nos vemos el próximo lunes.