Esqueleto de un Mastodonte, ubicado en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Michigan
Esqueleto de un Mastodonte, ubicado en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Michigan

TARRAGONA, España (EFE).— La desaparición de los mastodontes continúa afectando el ecosistema sudamericano, según concluye un estudio liderado por la Universidad de O’Higgins (Chile) con participación del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA). Los resultados se publicaron en la revista “Nature Ecology & Evolution”.

La investigación presenta por primera vez evidencia fósil directa del consumo de frutas por parte de los mastodontes sudamericanos. “Encontramos restos de almidones y tejidos vegetales propios de frutos carnosos, como los de la palma chilena”, señaló Florent Rivals, del IPHES-CERCA. “Esto confirma de manera directa que estos animales consumían fruta con frecuencia y participaban en la regeneración del bosque”.

El análisis se basó en 96 dientes fósiles hallados a lo largo de más de 1,500 kilómetros entre Los Vilos y Chiloé. “Casi la mitad procede del yacimiento del lago Tagua Tagua”, informó el equipo investigador.

El estudio aplicó técnicas como análisis isotópico, desgaste microscópico dental y estudio del sarro fósil. “Gracias al estudio de los isótopos estables, pudimos reconstruir con gran precisión el ambiente y la dieta de estos animales”, afirmó Iván Ramírez-Pedraza, experto en reconstrucción paleoambiental.

Zona de hábitat

Los resultados indican que los mastodontes habitaban en ecosistemas boscosos, con gran disponibilidad de frutas, lo que sugiere su rol clave en la dispersión de semillas. “Los mastodontes recorrían largas distancias y dispersaban semillas a lo largo del camino”, agregó Ramírez-Pedraza. La investigación sostiene que su desaparición afectó no sólo a la fauna, sino también a la flora. “La pérdida de estos grandes herbívoros supuso no solo una cuestión zoológica: fue también botánica, ecológica y evolutiva”, indica el informe. La hipótesis planteada por Janzen y Martin en 1982 también se confirma: muchas plantas tropicales desarrollaron frutas grandes para atraer a animales como mastodontes, caballos nativos o perezosos gigantes, que actuaban como dispersores de semillas. “Esta evidencia fósil da respaldo empírico a esa teoría”, afirmó Rivals.

Los investigadores analizaron la situación actual de las plantas megafaunales en América del Sur. “En el centro de Chile, el 40% de estas especies están hoy amenazadas”, explican, mientras que en regiones tropicales, donde sobreviven dispersores alternativos como tapires o monos, el porcentaje es mucho menor.

El estudio concluye que la extinción de la megafauna interrumpió procesos coevolutivos fundamentales para la biodiversidad. “Algunas de las especies vegetales que dependían de ellos para sobrevivir hoy están en peligro crítico de extinción”, subrayó el equipo.

Los hallazgos abren la puerta a nuevas líneas de investigación sobre las consecuencias ecológicas de la extinción de grandes herbívoros en el continente sudamericano, especialmente en relación con la resiliencia de los ecosistemas actuales.

Vestigios Investigación

La extinción de los mastodontes aún pone en riesgo la flora nativa

Sarro fosilizado

El análisis del sarro permitió detectar partículas vegetales en los dientes, lo que reveló hábitos alimenticios desconocidos hasta ahora.

Dispersión interrumpida

La desaparición de megafauna frenó la expansión natural de muchas plantas, afectando la regeneración de bosques y hábitats específicos.

Estudios pioneros

Esta es la primera vez que se encuentra evidencia directa del frugivorismo de mastodontes mediante técnicas combinadas en paleoecología.

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