Una estampa captada este mes en un parque de la capital de Irán
Una estampa captada este mes en un parque de la capital de Irán

MADRID (EFE).— Factores sociales como educación, religión y residencia en entornos rurales o urbanos son determinantes a la hora de atribuir cualidades “humanas” a los animales, lo que puede eclipsar la importancia ecológica de las especies menos carismáticas y socavar los objetivos de conservación más amplios.

Investigadores de varios países, liderados por Federica Amici, de la Universidad de Leipzig (Alemania), realizaron un estudio entre adultos de cinco países (México, Brasil, Indonesia, Malasia y España) para comprender cómo esos factores influyen en la tendencia de las personas a atribuir cualidades humanas a los animales, es decir, a antropomorfizar.

Los científicos, que publicaron ayer los resultados en “iScience”, comprobaron cómo se usan esas cualidades humanas y las imágenes (un oso polar “deprimido” o un panda “carismático”) para obtener apoyo a iniciativas de conservación.

Descubrieron que factores como la integración social, la vida urbana, la educación formal y la fe pueden influir en la tendencia a atribuir características humanas a los animales y afectar la disposición a participar en programas de conservación.

“Desafortunadamente, el antropomorfismo influye significativamente en los esfuerzos de conservación”, declaró Amici, quien destacó que las especies que se parecen más a los humanos o exhiben comportamientos similares suelen recibir más atención y financiamiento.

El cuestionario se centró en la crianza de los participantes y sus percepciones sobre la similitud física de los animales con los humanos y sus juicios sobre la capacidad de los animales para la emoción, la conciencia y el libre albedrío.

La encuesta reveló que las personas socialmente aisladas asocian a los animales con mayor frecuencia con las emociones y la similitud física de los humanos.

“Las personas que se sienten solas o no tienen una buena conexión con los demás a menudo intentan satisfacer su necesidad de conexión social viendo cualidades humanas en animales u otros seres no humanos”, manifestó Amici.

Aquellas personas con experiencias más urbanas, como tenencia de mascotas, visitas a zoológicos o consumo de contenido multimedia con animales, mostraron una mayor tendencia al antropomorfismo y fueron más propensas a atribuir conciencia, emociones e intencionalidad a los animales.

Quienes tienen más educación formal son menos propensos a pensar que los animales tienen autonomía.

La educación religiosa también influyó, ya que los participantes de fe monoteísta, como el islam y el cristianismo, son menos propensos a atribuir conciencia o libre albedrío a los animales en comparación con los budistas e hinduistas.

En conjunto, los resultados ayudan a identificar comunidades en que la atribución de rasgos humanos a los animales podría mejorar las estrategias de conservación, pero Amici subrayó que identificar las bases del antropomorfismo no debería ser el objetivo principal.

“Antropomorfizar las especies puede ser un enfoque eficaz, pero debe usarse con cautela”, señaló la investigadora, que añadió que ese aspecto podría contrarrestarse al enfatizar otros aspectos, como el papel ecológico crucial de cada especie.

De un vistazo

Entorno urbano

Personas con experiencias urbanas, como visitas a zoológicos y consumo de contenido multimedia con animales, fueron más propensas a atribuir conciencia, emociones e intencionalidad a los animales.

Espirituales

Las de fe monoteísta, como el islam y el cristianismo, son menos propensas a atribuir conciencia o libre albedrío a los animales en comparación con los budistas e hinduistas.

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