Con un momento de oración, testimonios y una convivencia en la casa de retiros “P. Luis R. Páez Garza”, anteayer arrancaron las actividades conmemorativas por los cien años del regreso de los jesuitas a Yucatán.
“Celebrar 100 años es un motivo de alegría, de gratitud, de recordar quiénes somos y cuál es nuestra misión”, expresó el padre Jorge Flores Ulloa, minutos antes de la oración comunitaria que se realizó en la capilla de la casa.
Dijo también que con la celebración se pretende renovar la identidad jesuita, así como la esperanza, la misión, y descubrir cuáles son los retos que se tienen que asumir.
“Nos gusta trabajar y queremos trabajar en colaboración, como jesuitas, como Compañía de Jesús, no entendemos nuestra misión, sino es en colaboración con laicas, laicos y la sociedad en general”.
En ese sentido, señaló, se prepararon los festejos que se llevarán al cabo este julio, que es el mes de San Ignacio, fundador, patrono de la orden y de la iglesia de El Jesús (Tercera Orden) en el centro de la ciudad.
El padre Jorge recordó que la fecha exacta cuando los jesuitas retornaron a Yucatán fue el 9 de julio de 1925, y por tal motivo, el próximo miércoles 9 se realizará la procesión del retorno. La procesión saldrá del parque Hidalgo a partir de las 6 de la tarde y le dará la vuelta a toda la iglesia, donde posteriormente se oficiará una misa de acción de gracias.
El padre Flores recordó que antes de que los jesuitas retornaran a Yucatán trabajaban con las congregaciones Marianas, que en aquella época eran comunidades de señoritas, de jóvenes, de enfermeras, de obreros y de todo tipo.
“Los jesuitas nunca dejaron de trabajar con la gente pobre, con los excluidos, con los obreros… De hecho, fue una de las causas por las que exiliaron a algunos jesuitas: por trabajar con los obreros en sindicatos, defendiendo siempre el derecho de los pobres y su dignidad”.
Luego de su regreso en 1925, unas décadas después, alrededor de los años 50, 60 y 70, el padre señaló que el templo fue reconocido como universitario. “Llegaban muchos universitarios, incluso, se fundó un coro Magis, que todavía permanece, y que precisamente acaba de cumplir 50 años”.
El padre comentó que hasta el día de hoy los jesuitas han seguido apoyando diversas causas con la gente pobre y la gente humilde.
“Como Compañía de Jesús comprendemos nuestra misión desde cuatro preferencias apostólicas universales: La primera de ellas es la promoción de la espiritualidad. La gente necesita un sustento en su sentido de vida, promover la espiritualidad desde lo nuestro, los ejercicios espirituales y el discernimiento al modo de San Ignacio”.
La segunda preferencia, mencionó, es el caminar con los pobres y con los excluidos. “Esto nos invita a buscar áreas de trabajo, situaciones, comunidades, personas concretas con las cuales tener cercanía y apoyo”.
La tercera preferencia es caminar con los jóvenes. “No es solamente decirles qué hacer, sino escucharlos y caminar juntos”.
Y la cuarta referencia, señaló, es el cuidado de la casa común. “Concientizar en torno a la creación como tal, a la belleza, a la bondad de la creación y concientizarnos en torno al daño que le estamos haciendo al planeta”.
Además del padre Jorge, en las actividades de anteayer también estuvieron los sacerdotes Juan Dingler Celada, Bernardo Murcio y Enrique Carrasco Alcántara, todos jesuitas.
Al dar la bienvenida a los feligreses, el padre Flores dijo que el momento de oración es para agradecer a Dios por permitirle a la orden todo lo vivido en cien años. Además, se invitó a los asistentes a reflexionar sobre qué es lo que a cada uno le ha dejado conocer a San Ignacio de Loyola.— IVÁN CANUL EK
